Este es el fin del camino, Entrevista a Bernadette Roberts

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Stephan: ¿Podría hablar brevemente acerca de las tres primeras etapas de la vida contemplativa Cristiana como las experimentó – en particular, lo que usted (y otros) han llamado el estado unitivo?

Bernadette: En sentido estricto de la palabra, los términos “purgativo”, “iluminativo”, y “unitivo” (de uso frecuente de la vía contemplativa) no se refieren a etapas discretas, sino a una forma de recorrido donde “dejarse ir”, “la penetración”, y la “unión”, definen las principales experiencias de la jornada. Para ilustrar el continuo, los autores describen varias etapas, según los criterios que están utilizando. Santa Teresa, por ejemplo, divide la ruta en siete etapas o “mansiones”. Pero no creo que deberíamos aferrarnos a ninguna teoría de etapas: es siempre el punto de vista en retrospectiva de otra persona de su propia jornada, que tal vez no incluya nuestras propias experiencias o puntos de vista. Nuestra obligación es ser fieles a nuestra propia experiencia, a nuestra propia luz interior.

Mi punto de vista de lo que algunos autores llaman la “etapa unitiva” es que comienza con la Noche Oscura del Espíritu, o el inicio del proceso de transformación – cuando la larva penetra en el capullo, por así decirlo. Hasta este punto, nos estamos reformando activamente a nosotros mismos haciendo lo que podemos para lograr una unión permanente con lo divino. Pero en un momento dado, cuando hemos hecho todo lo posible, la divinidad entra y se hace cargo. El proceso de transformación es un deshacer y rehacer divino que culmina en lo que se llama el estado de “unión transformadora” o “matrimonio místico”, considerado como el estado definitivo para la vida contemplativa Cristiana. Según la experiencia, el inicio de este proceso es el descenso de la nube del no saber, la cual, porque su previa luz desaparece y dejándolo en la oscuridad, el contemplativo lo interpreta inicialmente como si lo divino se hubiera escondido. En términos modernos, el descenso de la nube es en realidad la caída del centro-egoico, que nos deja mirando en un oscuro agujero, un espacio vacío en nosotros mismos. Sin el velo del centro-egoico, no reconocemos lo divino; no es como pensamos que debería ser. Ver lo divino ojo a ojo es una realidad que destruye nuestras expectativas de la luz y la felicidad. A partir de aquí tenemos que sentir nuestro camino en la obscuridad, y el ojo especial que nos permite ver en la obscuridad, se abre en este momento.

Así que aquí comienza nuestro viaje hacia el verdadero centro, el más profundo, el “punto” mas interior en nosotros mismos donde nuestra vida y el ser se encuentran con el ser divino y el ser. – el punto en el que toda la existencia se une. Este centro se puede comparar con una moneda: en el lado mas cercano es nuestro ser, en el otro lado es lo divino. Un lado no es el otro lado, sin embargo, no puede separar las dos partes. Si tratamos de hacerlo, o terminaríamos con otra cara igual, o toda la moneda colapsaría, dejando ningún centro en absoluto – no ser y no divinad. A esto le llamamos un estado de unidad o unión porque el centro solo tiene dos caras, sin la cual no habría nada que sea uno, unidos o no-dual. Tal es, al menos, la realidad de la experiencia del estado de la transformación de la unión, el estado de la unidad.

Stephan: ¿Cómo descubrió la nueva etapa, a la que le llama  la experiencia del no-ser?

Bernadette: Eso ocurrió inesperadamente unos 25 años después del proceso de transformación. El centro divino – la moneda, o “verdadero ser” – de repente desapareció, y sin centro o circunferencia no hay ser, y no hay divinidad. Nuestra vida subjetiva de la experiencia se acaba – el pasaje está terminado. Yo nunca había oído hablar de esa posibilidad o suceso. Obviamente hay mucho más de la experiencia elusiva que llamamos el ser que sólo el ego. La paradoja de nuestro pasaje es que realmente no sabemos lo que es el ser o la conciencia, mientras que estamos viviendo, o mientras lo seamos. La verdadera naturaleza del ser sólo puede darse a conocer cuando se ha ido, cuando no hay un ser.

Uno de los resultados, entonces, de la experiencia del no-ser es la revelación de la verdadera naturaleza de uno mismo o de la conciencia. Como acaba pasando, el ser es el sistema completo de la conciencia, desde el inconsciente hasta la conciencia de Dios, toda la dimensión del conocimiento humano y del sentimiento/ experiencia. Debido a que los términos “ser” y “conciencia” expresan las mismas experiencias (nada se puede decir de uno que no se pueda decir del otro), sólo son definibles en los términos de la “experiencia”. Toda otra definición es conjetura y especulación. No-ser, entonces, significa que no hay conciencia. Si esto es sorprendente para algunas personas, es sólo porque no saben la verdadera naturaleza de la conciencia. Algunas veces estamos tan atrapados en el contenido de la conciencia, que nos olvidamos de que la conciencia es también una función somática del cuerpo físico y, al igual que cada una de esas funciones, no es eterna. Tal vez nos iría mejor buscando a lo divino en nuestros cuerpos que en medio de todo el contenido y la experiencia de la conciencia.

Stephan: ¿Cómo le hace uno para pasar de la “unión transformadora” a la experiencia del no-ser? ¿Como es el camino?

Bernadette: Sólo podemos ver un camino en retrospectiva. Una vez que llegamos al estado de unidad, no podemos ir más allá en el viaje interior. El centro divino es el “punto” más interior, más allá del cual no podemos ir en este momento. Un vez que se llega a este punto, el movimiento de nuestra jornada se da vuelta y comienza a moverse hacia el exterior – el centro se expande hacia el exterior. Para ver cómo funciona esto, imagina al ser, o la conciencia, como una pieza circular de papel. El centro inicial es el ego, la energía especial que llamamos “voluntad” o facultad volitiva, la que puede girar hacia afuera, hacia sí mismo o hacia adentro, hacia la tierra divina que subyace en el centro del papel. Cuando, desde nuestro lado de la conciencia, no podemos hacer nada más para llegar a este lugar, lo divino toma la iniciativa y sale a través del centro, rompiendo el ego como una flecha disparada por el centro del ser. El resultado es un agujero obscuro en nosotros mismos y la sensación de terrible vacío. Este avance exige una re estructuración o cambio de conciencia, y este cambio es la verdadera naturaleza del proceso de transformación. Aunque esta transformación culmina en la verdadera madurez humana, no es estado final del hombre. Todo el propósito de la unidad es que nos movamos a un estado más definitivo

Para entender lo que sucede a continuación, tenemos que seguir cortando agujeros más grandes en el papel, expandiendo el centro hasta que sólo el borde o la circunferencia más elemental permanezca. Una expansión más del centro divino, y los límites de la conciencia o del ser se caen. A partir de este ejemplo podemos ver como el cumplimiento final de la conciencia, o ser, es no-conciencia, o no-ser. El camino de la unidad a la no-unidad es uno sin ego y por lo tanto carente de la satisfacción egoica. A pesar del centro inmutable de la paz y la alegría, los acontecimientos de la vida pueden que no sean pacíficos o alegres en absoluto. Sin la gratificación del ego en el centro y sin alegría divina en la superficie, esta parte de la jornada no es fácil. Se requieren actos heroicos de abnegación para llegar al final de uno mismo, actos comparables a cortar agujeros cada vez más grandes en el papel – actos, es decir, que no traen retorno al ser de uno de ninguna manera

La mayor tentación que hay que superar en este período es la tentación de caer en uno de los arquetipos sutiles pero poderosos de la conciencia colectiva. Como yo lo veo, en el proceso de transformación, sólo llegamos a un acuerdo con los arquetipos del inconsciente personal; los arquetipos de la conciencia colectiva se reservan para las personas en el estado de unidad, porque esos arquetipos son poderes o energías de ese estado. Jung creía que estos arquetipos eran ilimitados; pero en realidad, sólo hay un cierto arquetipo, y que es el arquetipo del ser. Lo que es ilimitado son las diversas máscaras o papeles que el ser se siente tentado a jugar en el estado de unidad – salvador, profeta, sanador, mártir, la Madre Tierra, lo que sea. Todos ellos son tentaciones para tomar el poder para nosotros mismos, pensando que somos la máscara o el papel, fuesen como fuesen. En el estado de unidad, tanto de Cristo como Buda fueron tentados en esta manera, pero ellos se aferraron al “punto” que sabían carece de todas estas energías. Este lugar es un “punto fijo”, no una energía de punto en movimiento. Desenmascarando estas energías, viéndolos como artimañas del ser, es la tarea particular a ser realizada o el obstáculo que hay que superar en el estado de unidad. No podemos llegar al final del ser hasta que no hayamos visto a través de estos arquetipos, y cuando ya ninguno de ellos nos puedan mover. Así que el camino de la unidad a la no-unidad es una vida que sin elección carece de una satisfacción egoica; una vida de desenmascarar las energías de uno mismo y todos los papeles divinos que se siente uno tentado a jugar. Es difícil llamar a esta vida un “camino”, sin embargo es la única manera de llegar al final de nuestra jornada.

Stephan: En la experiencia del no-Ser usted habla largo y tendido acerca de su experiencia de la caída o pérdida del ser. ¿Podría describir brevemente esta experiencia y los acontecimientos que condujeron a ella? Yo estaba particularmente impresionado cuando dijo que, “me di cuenta que ya no tenía un “interior “en absoluto”. Para muchos de nosotros, la vida espiritual se experimenta como una “vida interior” – sin embargo los grandes santos y sabios han hablado de ir más allá de cualquier sentido de la interioridad.

Bernadette: Su observación me parece particularmente astuta; la mayoría de la gente pierda el punto. En realidad usted ha puesto el dedo en el factor clave que distingue entre el estado de la unidad y el estado de no-unidad, entre el ser y el no-ser. Mientras el ser permanezca, siempre habrá un “centro”. Pocas personas se dan cuenta de que no sólo es el centro responsable de sus experiencias interiores de la energía, la emoción y el sentimiento, sino también, subrayando a estos, el centro es nuestra misteriosa experiencia continua de la “vida” y “ser”. Debido a que esta experiencia es más generalizada que las otras experiencias, es posible que no pensemos en la “vida” y “ser” como una experiencia interior. Incluso en el estado de unidad, tendemos a olvidar que nuestra experiencia del “ser” se origina en el centro divino, donde es uno con la vida y el ser divino. Estamos tan acostumbrados a vivir desde este centro que no sentimos necesidad de recordarlo, concentrarse en él, mirar hacia dentro, o ni siquiera pensar en ello. A pesar de este hecho, sin embargo, el centro permanece; es el epicentro de nuestra experiencia de la vida y el ser, lo que da lugar a nuestras energías experienciales y diversos sentimientos.

Si este centro de pronto se disuelve y desaparece, las experiencias de la vida, el ser, la energía, los sentimientos y de mas, llegan a su fin, porque ya no hay “interior”. Y sin un “interior”, no hay vida subjetiva, psicológica o espiritual que quede – ninguna experiencia de vida en absoluto. Nuestra vida subjetiva ha terminado. Pero ahora, sin centro y sin circunferencia, ¿dónde está lo divino? Para explicar esta situación, imagínense la conciencia como un globo lleno de y suspendido en el aire divino. El globo experimenta lo divino como inmanente, “en” sí mismo, así como trascendente, más allá o fuera de sí mismo. Esta es la experiencia de lo divino en nosotros y nosotros en lo divino; en el estado de unidad, Cristo es a menudo visto como el globo (nosotros mismos), completando de esta experiencia trinitaria. Pero lo que hace toda esta experiencia posible – lo divino como la vez inmanente y trascendente – es obviamente el globo, es decir, la conciencia o ser. La conciencia establece las divisiones entre adentro y afuera, el espíritu y la materia, el cuerpo y el alma, inmanente y trascendente; de hecho, la conciencia es el responsable de todas las divisiones que conocemos. Pero ¿y si tronamos el globo – o aun mejor, hacer que se desvanezca como una burbuja que no deja residuos. Todo lo que queda es el aire divino. No hay nada divino en nada, no hay trascendencia divina o más allá de cualquier cosa, ni lo divino es nada. No podemos apuntar a algo ni a nadie y decir: “Esto o aquello es divino”. Así que lo divino es todo – todos menos conciencia o ser, los que crearon la división en el primer lugar. Sin embargo, mientras la conciencia permanece, no oculta lo divino, ni está nunca separada de él. En términos Cristianos lo que la conciencia conoce como divino y la cual se experimenta como inmanente y trascendente se llama Dios, lo divino que existe antes de la conciencia y después de que la conciencia se ha ido se le llama Dios Supremo. Obviamente, lo que explica la diferencia entre Dios y Dios Supremo es el globo o burbuja – ser o conciencia. Mientras cualquier ser subjetivo permanezca, un centro permanece; y así, también, el sentido de la interioridad.

Stephan: Usted mencionó que, con la pérdida del ser personal, el Dios personal se desvanece también. ¿Es el Dios personal, entonces, una figura de transición en nuestra búsqueda de la pérdida definitiva del ser?

Bernadette: A veces nos olvidamos de que no podemos poner nuestro dedo en cualquier cosa o cualquier experiencia que no es de transición. Considerando que la conciencia, el ser, o sujeto es la facultad humana que experimenta lo divino, toda esa experiencia es personalmente subjetiva; por lo tanto, en mi opinión, “El Dios personal” es cualquier experiencia subjetiva de lo divino. Sin un ser personal subjetivo, ni siquiera se podría hablar de un Dios impersonal, y no-subjetivo; una es simplemente relativo con respecto al otro. Sin embargo, antes de que la conciencia o el ser existieran, lo divino no era ni personal ni impersonal, ni subjetivo ni no-subjetivo – así que lo divino permanece cuando el ser o la conciencia se han caído. La conciencia por su propia naturaleza tiende a hacer lo divino en su propia imagen y semejanza; el único problema es que lo divino no tiene ninguna imagen o semejanza. De ahí que la conciencia, por sí misma, no puede realmente aprehender lo divino.

Cristianos (Católicos, especialmente) se les culpa a menudo por ser los grandes creadores de imágenes, sin embargo sus imágenes son tan obviamente ingenuas y fáciles de verlas como son, que a menudo nos perdemos las imágenes sin forma más sutiles mediante las cuales la conciencia crea lo divino. Por ejemplo, debido a que lo divino es una experiencia subjetiva, pensamos que la divinad es un sujeto; porque experimentamos lo divino a través de las facultades de la conciencia, la voluntad y el intelecto; pensamos que la divinad es igualmente la conciencia, la voluntad y el intelecto; porque experimentamos a nosotros mismos como un ser o entidad, experimentamos lo divino como un ser o entidad; porque juzgamos a los demás, pensamos que lo divino juzga a otros; etcétera. Llevar una estampita en nuestros bolsillos no es nada en comparación con las nociones sin forma que llevamos en nuestra mente; es fácil dejar ir a una imagen, pero casi imposible de desarraigar nuestras convicciones intelectuales basado en las experiencias de la conciencia.

Aún así, si realmente supiéramos el abismo insalvable que se encuentra entre la verdadera naturaleza de la conciencia o ser, y la verdadera naturaleza de lo divino, temeríamos el mero empezar de la jornada. Así que la conciencia es la maravillosa invención de la divinidad por la cual los seres humanos hacen el viaje en compañía subjetiva con lo divino; y, como cada invención divina, funciona. La conciencia tanto oculta el abismo como construye el puente para cruzarlo – y cuando hemos cruzado al otro lado, por supuesto, no necesitamos el puente más. Así que no importa que comencemos nuestro viaje con nuestras tarjetas sagradas, gongs y campanas, libros sagrados y sentimientos religiosos. Todo ello debería conducir a un crecimiento y una transformación,el renuncio final de nuestras imágenes y conceptos, y una vida de entrega desinteresada. Cuando no queda nada mas que renunciar, nada mas que dar, sólo entonces podemos llegar al final del pasaje – el final de la conciencia y su Dios personal subjetivo. Una visión del Dios Supremo, y nadie querrá a Dios [personal] de regreso.

Stephan: ¿De qué manera el camino hacia el no-ser en la tradición contemplativa Cristiana difiere de la ruta tal como se establece en las tradiciones Hindúes y Budistas?

Bernadette: Creo que puede ser demasiado tarde para mí para tener una buena comprensión de cómo otras religiones hacen este pasaje. Si usted no está entregando con todo su ser, a su mismísima conciencia, a un amado y confiable Dios personal, entonces ¿a qué se lo está entregando? ¿O por qué entregarse en absoluto? La pérdida del ego, la pérdida del ser, es sólo un subproducto de esta entrega; no es la verdadera meta, no es un fin en sí mismo. Tal vez este es también el punto de vista del Budismo Mahayana, donde el objetivo es salvar a todos los seres sintientes del sufrimiento, y donde la pérdida del ego, la pérdida del ser, es visto como un medio para un fin mayor. Este punto de vista está muy en consonancia con el deseo Cristiano de salvar a todas las almas. Como yo lo veo, sin un Dios personal, el Budista debe tener una fe mucho más fuerte en lo “incondicionado y no engendrado” de lo que se le requiere al Cristiano contemplativo, quien experimenta el pasaje como un acto divino, y de ninguna manera como un acto de uno mismo.

En realidad, me encontré con el budismo sólo al final de mi jornada, después de la experiencia del no-ser. Como yo sabía que esta experiencia no había sido articulada en nuestra literatura contemplativa, me fui a la biblioteca para ver si se podía encontrar en las religiones orientales. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de que no lo iba a encontrar en la tradición Hindú, donde, como yo lo veo, el estado final es equivalente a la experiencia cristiana de la unidad o de la unión transformativa. Si un Hindú tenía lo que yo llamo la experiencia del no-ser, sería la repentina e inesperada desaparición del Atman-Brahman, el Ser divino en la “cueva del corazón”, y la desaparición de la cueva también. Sería el final de la conciencia de Dios, o conciencia trascendental – esa experiencia aparentemente sin fondo del “ser”, “conciencia”, y “felicidad” que articula el estado de unidad. Pero considerar este final como la caída del ego es un grave error; el ego debe caer antes de que el estado de unidad puede ser realizado. La experiencia del no-ser es la caída de este estado trascendente previamente realizado.

Al principio, cuando miré en el Budismo, no encontré la experiencia del no-ser allí tampoco; sin embargo yo intuía que tenía que estar allí. La caída del ego es común tanto en el Hinduismo como en el Budismo. Por lo tanto, no explicaría el hecho de que el Budismo se convirtió en una religión separada, ni explicaría la insistencia de Buda en ningún Ser eterno – ya sea divino, individuo o los dos en uno. Sentí que la diferencia fundamental entre estas dos religiones era la experiencia del no-ser, la caída del verdadero Ser, Atman-Brahman. Por desgracia, lo que la mayoría de los autores Budistas definen como la experiencia del no-ser es en realidad la experiencia de no-ego. El cese del apego, del deseo, las pasiones, etc., y el estado resultante de la paz y la alegría imperturbable, articula el estado sin ego de la unidad; no articula sin embargo la experiencia del no-ser o la dimensión más allá. A menos que se distingue claramente entre estas dos experiencias muy diferentes, sólo las confundimos, con el inevitable resultado de que la verdadera experiencia de no-ser se pierde. Si pensamos que la caída del ego, con su transformación y la unidad resultante, es la experiencia del no-ser, entonces ¿qué llamaríamos la experiencia mucho mas avanzada cuando esta unidad sin ego desaparece? Realmente sólo hay una cosa que se le puede llamar, la “experiencia del no ser”; no se presta a ninguna otra articulación posible.

Al principio me di por vencida el querer encontrar esta experiencia en la literatura Budista. Sin embargo, cuatro años más tarde me encontré con dos líneas atribuidas a Buda que describen su experiencia de iluminación. Refiriéndose a sí mismo como una casa, dijo, “Todas tus vigas están rotas ahora, la cumbrera esta destruida.” Y allí estaba – la desaparición del centro, la cumbrera; sin ella, no puede haber ni casa, ni ser. Cuando leí estas líneas, fue como si una flecha lanzada a principio de los tiempos había golpeado repentinamente una diana. Fue un descubrimiento notable. Estas líneas no son un pedazo de la filosofía, sino una cuenta de la experiencia, y sin la cuenta de la experiencia realmente no tenemos nada para seguir adelante. En el mismo versículo el dice: “Tu no podrás construir una casa otra vez”, distinguiendo claramente esta experiencia de la caída del centro-egoico, después del cual un nuevo ser transformado se construye en torno a un “verdadero centro”, una robusta, y equilibrada cumbrera.

Como Cristiana, vi la experiencia del no-ser como la verdadera naturaleza de la muerte de Cristo, el movimiento más allá incluso es la unidad con lo divino, el movimiento de Dios al Dios Supremo. Aunque no esta articulado en la literatura contemplativa, Cristo dramatizo esta experiencia en la cruz para todas las edades para ver y reflexionar. Cuando Buda describió la experiencia, Cristo la manifestó sin palabras; sin embargo, ambos hacen la misma declaración y revelan la misma verdad – que en última instancia, la vida eterna está más allá de uno mismo o de la conciencia. Después de que uno lo ha visto manifestado o lo oyó, lo único que queda es experimentarlo.

Stephan: Usted menciona en El Camino al No-Ser que el estado unitivo es el “verdadero estado en el que Dios quiso que todas las personas vivieran sus años de madurez.” Sin embargo, muy pocos de nosotros alguna vez alcanza este estado unitivo. ¿Qué hay en la manera en que vivimos en este momento que nos impide hacerlo? ¿Cree que es nuestra preocupación por el éxito material, la tecnología y la realización personal?

Bernadette: En primer lugar, creo que hay más gente en el estado de unidad que nos damos cuenta. Para todos de los que hemos oído hablar, hay miles que nunca vamos a oir de ellos. Creyendo que este estado es un logro poco común puede ser un impedimento en sí mismo. Por desgracia, los que escriben sobre ello lo hacen de una manera que lo hace sonar más extraordinario y feliz de lo que comúnmente es, y las expectativas tan falsas son otro impedimento – seguimos esperando y buscando una experiencia o un estado que nunca llega. Pero si tuviera que poner mi dedo en el principal obstáculo, yo diría que es el tener visiones erróneas de la jornada.

Por paradójico que pueda parecer, el paso a través de la conciencia o el ser, se mueve contrario al ser, le cae mal – y al final, incluso lo borra. Debido a que este paso va en contra del ser es, por lo tanto, un camino de sufrimiento. Ambos, Cristo y Buda vieron el pasaje como uno de sufrimiento, y básicamente encontraron formas idénticas para salir de el. Lo que descubrieron y nos revelaron fue que cada uno de nosotros tiene dentro de sí mismo un “punto fijo” – comparable tal vez al ojo de un ciclón, un lugar o un centro de calma, la imperturbabilidad, y el no-movimiento. Buda articulo este ojo central en términos negativos como “vacío”, un refugio del ciclón arremolinado de sufrimiento sin fin. Cristo articulado el ojo en términos más positivos como el “Reino de Dios” o el “Espíritu interno”, un lugar de refugio y salvación para el ser que sufre

Para los dos, la manera mas fácil de salir, es primero descubrir el punto fijo y luego, uniéndonos a el, convertirse en uno con él, para encontrar una ancla estabilizadora y balanceada en nuestras vidas. Después de eso, el ciclón gradualmente es atraído hacia el ojo, y el sufrimiento del ser llega a su fin. Y cuando ya no hay un ciclón, ya no hay tampoco un ojo. Así que las tormentas, las crisis y los sufrimientos de la vida son una manera de encontrar el ojo. Cuando todo sale a nuestra manera, no vemos al ojo, y no sentimos ninguna necesidad de encontrarlo. Pero cuando todo va en contra de nosotros, entonces nos encontramos con el ojo. Así que la evitación del sufrimiento y el deseo de que todo salga a nuestra manera va en contra del movimiento de nuestra jornada; todo esto es una visión equivocada. Con la visión correcta, sin embargo, uno debe ser capaz de llegar al estado de unidad en seis o siete años – años no sólo de sufrimiento, pero años de iluminación, pues el sufrimiento correcto es la esencia de la iluminación. Debido a que el ser es la experiencia de todos que subyace a toda la cultura, no considero puntos de vista culturales equivocadas como una excusa para no buscar los puntos de vista correctos. Después de todo, el pasaje de cada persona es su propio; no hay tal cosa como un pasaje colectivo.