A las canicas, JCPozo

marbles_retroNo terminaba de sonar la campana cuando los cajones de madera que rodeaban los árboles desperdigados en el patio del instituto ya eran acechados por cientos de nosotros que corríamos con todas las ganas del mundo.

– ¡Córrele! ¡Allá hay uno vacío!

– ¡Chin!.. ¡Ya nos lo ganaron!

– ¡Allá está otro!¡Córrele!

– ¡Ya!… ya lo aparté.

– ¡Ah! Está planito

– Sí. ¡Qué suerte! Y mira, tiene ya el hoyo hecho. Empieza, tú.

– Bueno. “Juego rey”.

– No, no. No empieces de rajón. Hay que jugar como siempre.

– Pero es que luego sales con tus trampas, que “casita de paja”, y que “sucias” y no sé cuántas invenciones.

– “Pos” ponte buzo.

– No, no. Las reglas normales, nada de tus jaladas.

– Bueno, quitamos esas dos, ¿va?

– Y también “patas de araña”.

– No, pues ya de una vez todo.

– No, sólo ésas.

– Es que “patas de araña está buena”.

– Sí, pero no la amueles. No hay cancha.

– Sale pues. Te juego tu “tirito” contra el mío.

– ¿¡Mi tirito!?¿Estás loco?

– Entonces tu “ojo de tigre”

– No. Si pierdo te pago con la que yo quiera.

– Uy, “pos” me vas a dar pura agüita.

– ¿No me digas que tú vas a soltar tus ágatas o tus pericos?

– Ni loco. Bueno, te juego un ponche. Ese azulito.

– ¿“El ángel”? , mi ponche favorito, es una fiera, de ángel no tiene nada. A ver, déjame ver ese rojito.

– ¡Uy!, ése es mi “diablo”.

– ¡Qué chido está! Ok. Tu ángel contra mi diablo.

– Bueno, está bien. Mucha hablada, ¿no?

– Pues dale.

– Ahí te voy… ¡Clink!.. quedé bien. Vas.

– ..¡Clink!.. ¡Chin!.. quedé corto.

– ¡Calacas y palomas y sin tu muerto!”.

– ¿Ya ves? Ya empezaste.

– Nada que… no es trampa. Te saco y adiós. Ahí te voy… ¡Clink!.. ¡Uy, te me fuiste, pero hoyo a la primera!

– ¡Qué suerte!

– ¿Suerte? En la lotería. Aquí es de saberle.

– Saberle mis…bueno, pues…. “Ahogado te pelas”.

– ¡Chin!.. Donde caiga en el hoyo, ya valí. Y el árbol te hace ahí un “tache pelas”.

– – ¡Ah, cómo te quejas, ya tírale!

– ¡Ten, pues!.. ¡Clink!…

– ¡Uy, te salvaste! Casi te ahogas. Se tambaleó en el filito.

– ¿Oye, qué tal hoy en la clase del padre Gómez, eh?

– ¡Híjole!, me temblaban las piernas.

– ¿Viste cómo la ollita rodaba por todo el salón?

– Claro, todos la vimos. Y antes de que llegara a sus pies que me tapo las orejas.

– ¿Las orejas?

– Si, dizque para no ver. Así de nervioso estaba.

– Pero es que también el tamarindo se oía bien fuerte.

– Sí, como una carreta.

– En la noche.

– Todos nos quedamos engarrotados.

– Yo podía oír mis latidos, pum, pum.

– Jajaja. ¿Y qué tal cuando nos preguntó que quién la había aventado, eh?

– ¡Uy! Y luego cuando se te quedaba mirando.

– Se sentían inyecciones.

– ¿Nunca te ha tocado ir a su oficina?

– Si, le encanta hacerte sufrir.

– Se divierte, ¿no?.

– Sí. Con su sonrisita…

– Te empieza a doler la panza cuando te acercas a su oficina.

– A mí me dio chorro la primera vez, te lo juro.

– Y dicen que si llegas a ir con el padre Suárez, ya mejor despídete de la escuela. Ahora que pasé por ahí me dio un frío.

– ¡”Altas desde tus rodillas y bien paradas”!

– ¡Uf!

– ¡No! ¡No las dobles! Bien paradas y arriba de la rodilla.

– Ahí…

– Más arribita.

– ¡Ahí está, ya!

– Ahora sí, dale

– ¡Clink!..¡Ja, ja, ja! Tenga, para que se le quite!

– Pero ahora ¡”que suenen como campana… y seguidas, ¿eh?”

– A la primera, entonces.

– No, no, no… siempre jugamos a las tres, no te hagas.

– Va, pues, ya no llores. ¡clink!…, ¡clink! y… ¡uy!, te pasó rozando.

– ¡“Ojitos pajaritos”!

– ¡”Con mi muerto”!

– ¡No, no! ya no estamos usando eso.

– ¿Y qué? Pero vale.

– Que ya no se use; se para mucho el juego.

– Bueno, después de ésta, que ya no valga.

– Órale pues.

– ¿Oye?

– ¿Eh?

– ¿Nadie dijo nada, no?

– No.

– ¿Y tú sabes quién lo tiró?

– No, pero por su culpa, nos mandaron a todos dos horas parados en el patio. Y con este solazo… Uff.

– ¿Oye? ¿Tú te confesaste?

– Claro, creo que fui el primero ¿y tú?

– No. Odio eso,bien sabes.

– Ya todos se confesaron.

– A mí me toca después de recreo.

– ¿Crees que ya lo sepa?

– No.

– ¿Por?

– Quien se va a atrever a confesarle algo a “Gomitas”. Ni por miedo a Dios.

– No sé. Uno nunca sabe. Esos padres jesuitas tienen sus mañas.

– A mi hermano lo expulsaron dos semanas.

– ¿Por?

– No sé, que dizque les dijo algo sobre Adán y Eva que no les gustó.

– Ja, ja. ¡”Tache pelas” ¿eh?!

– ¿A ver? ¡Ay! Mejor… le doy por acá… ¡clink!…

– ¡Buu, collón!.. ¡Clink!.. ¡”Entrus”! Estás perdido.

– A ver alcánzame pues, ya tienes el hoyo.

– No… pensándolo bien, haré algo mejor… ¡”Pido un tiro”!

– ¡Ay, chin..! Ahora si ya me torciste.

– Dile adiós a tu diablito. ¡Click!..

Y yo le dije adiós a él, pero en silencio, ya que después de ese recreo, no lo volví a ver jamás. Pero nunca lo voy a olvidar…Él tiraba de “huesito” y yo de “uñita”… Dos almas unidas que pudieron constatar lo rápido que puede durar toda una época…

Seguí jugando canicas en la primaria, pero nunca fue lo mismo… Ese sentimiento de liberación que nos invadía a los dos después del sonar de la campana… es como creo que debe sentir un ave en su primer gran vuelo hacia los cielos…

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