Tramontina, Gustavo H. Mayares

Hugo Simberg 1Si me pregunta por la fecha exacta, la verdad (duda) no me acuerdo. Tampoco me pregunte por qué, pero todo empezó con eso (se lo ve contrariado). Esa noche, mi viejo volvió borracho a casa, lo que no era nada raro en él (sonríe amargamente), pero creo que esa noche estaba más borracho que de costumbre, ¿sabe? Para que me entienda: ni siquiera podía mantenerse en pie. Se golpeaba contra las paredes cuando buscaba entrar a la cocina o a la pieza y hasta vomitó al costado de una de las camas (piensa). Un asco (piensa). El problema fue lo quiso hacer (duda, piensa largamente). Quiso hacer lo mismo que hacía con mis hermanas de vez en cuando, sobre todo cuando llegaba muy borracho a casa. Pero le aclaro (se apresura) que esa noche (duda) se había pasado de la raya, como dicen por ahí, ¿entiende? No se podía mantener en pie. La cara la tenía como (duda), como agarrotada, ¿vio?, y arrastraba las palabras, igual que todos los borrachos, ¿no? Inflados y rojos tenía los cachetes y no se le podía entender un carajo lo que decía. El viejo nunca habló bien, de bruto nomás, pero esa noche nadie podía entenderle nada, ¿sabe? Ni siquiera mi vieja, que estaba tan acostumbrada al porloteo baboso del viejo como a los golpes, ¿vio? (Piensa largamente) Creo que yo tendría doce o trece años, me parece que recién había empezado la secundaria; pero no me pida la fecha exacta (piensa). María, la más grande, tendría catorce o quince, y después vienen Lidia, que tendría diez, Alicia con ocho o nueve, Noemí de siete y Marielita de cinco. ¿Mi mamá? (Piensa) Ni idea (duda). Supongo que tendría treinta y cinco o cuarenta, algo por el estilo. No me acuerdo ni nunca se lo pregunté, ¿sabe? (Piensa) Aunque, ¿la verdad?, parecía que tenía muchos más. La malasangre (sonríe). Muchos hijos, muchas mujeres, y ya sabe (duda), las hijas mujeres son un problema para criar, ¿no? (Sonríe) Quiero decir que a un varón usted lo larga a pastorear y más o menos se hace hombre solo. Pero las mujeres son todo un caso (piensa). Es como que hay que cuidarlas bastante más, ¿no? El mundo está muy difícil y (duda). Para colmo, con un hijo de puta en la casa, como el viejo (piensa). Qué se le va a hacer. (Piensa largamente) El caso es que María, la más grande, estaba acostada ya con Lidia, porque dormían en la misma cama, y Noemí y Mariela, las más chicas, también estaban acostadas, como Alicia. La falta de lugar (sonríe), ¿vio? Y bueno (piensa). Creo que el hijo de remil putas tenía más (duda) relaciones con María que con mi vieja (piensa). María tuvo dos hijos muertos, ¿sabe? Los dos, ¿puede creerlo? (Piensa) Y en casa ya teníamos la idea de que todo iba a ser igual con Lidia, porque María me había contado que ya había pasado un par de veces. Mi mamá no podía evitarlo (piensa). Le tenía miedo al viejo, un miedo de mierda que la paralizaba. Ni fuerzas le quedaban, pobre vieja. (Piensa) Es como que estaba resignada a cualquier cosa. Una vez la escuché murmurar que no tenía salida, ¿sabe? (Piensa) El cuerpo se le caía a pedazos por las desgracias que había tenido desde chica y que seguían de grande (duda), con el viejo y con nosotros, ¿se da cuenta? Tenía la vida hecha un quilombo, una calle sin salida. Adonde iba a ir, la pobre. El viejo de ella (se apresura), o sea mi abuelo, al que por suerte no conocía, la fajaba a lo bestia, según contaba de vez en cuando; la mataba a palos por cualquier cosa, ¿sabe? Ella quiso rajarse un día, contó Gustavo H. Mayaresuna vez, tomándoselas a la casa de una prima o una amiga o algo así; pero el tipo la buscó, la encontró y la curó de espanto para toda la cosecha. El resultado es que, de tantos golpes, mi vieja quedó con la mandíbula rota y una mejilla reventada, por lo que tuvo que andar, de ahí en más, con la cara medio desfigurada. (Piensa) Lo mismo quiso hacer con el hijo de puta de mi viejo, rajarse, quiero decir, pero (duda). Se rajó de casa cuando nosotros éramos más chicos; María y yo, porque las demás no habían nacido. Todavía era joven y todavía le quedarían fuerzas, pienso (duda). Simplemente se las picó, dejándonos a María y a mí con el viejo. Éramos como bebés, ¿sabe?, y en la disparada no podía llevarnos con ella, ¿se da cuenta? (Piensa) Por eso no la puedo culpar (reflexiona). ¿Qué podía hacer una mujer sola e ignorante, cargando con dos chicos, corriendo por el mundo, escapando de un marido que la molía a palos cada vez que llegaba borracho a la casa? ¿Entiende? (Espera aprobación) Porque el viejo siempre se emborrachó, nunca fue distinto, como esos padres de las telenovelas, ¿se da cuenta? (Piensa) La cuestión es que mi vieja se fue y mi viejo la buscó por cielo y por tierra, hasta que la encontró. ¡Para qué! Usted dirá que yo era muy chico, que no puede ser que me acuerde, que con dos o tres años nadie se acuerda de lo que pasa, pero la verdad es que me acuerdo perfectamente de la paliza que le dio después de traería de los pelos otra vez a la casa. (Piensa) Si la villa entera vino a ver qué carajo pasaba (duda). Mire: literalmente, como quien dice, la cagó a patadas, en las piernas, en el culo, en la espalda, en la panza y en la cabeza (piensa). Todavía me acuerdo de los gritos que pegaba la pobre. No le dejó un lugar en el cuerpo sin patear, mientras le gritaba que era una puta, una mierda porque abandonaba a sus hijos y cosas así. Me acuerdo bien. Mi vieja gritó hasta que dio y después se calló, no se le escuchó decir esta boca es mía porque (duda) supongo que se desmayó, no sé. Y creo que fue por eso que desde aquel día la pobre no salió de la casa ni para hacer los mandados, porque los hacíamos mis hermanas y yo. (Piensa) Las lastimaduras se las curó sola. ¿Los vecinos? (Finge reír) Bien, gracias. (Piensa) Primero, la villa entera rodeó la casa, pero nadie dijo ni mu. (Sonríe) Estaban ahí para chusmear, nada más. Para ver el espectáculo. (Piensa) ¿Sabe por qué? (Espera respuesta) Porque todo el mundo se entiende a los golpes ahí, todo a los golpes; no hay problema que no se arregle a las pinas, ¿se da cuenta? (Piensa) ¿Conclusión? A mi vieja se le fueron todas las ganas de rajarse, así se le cayera el techo encima. Nunca más pudo cruzar la puerta de la calle, ni siquiera la noche en que el viejo llegó tan hecho mierda que se daba contra las paredes y vomitó al lado de una de las camas (duda). La noche que empezó todo. (Piensa) No lo puedo explicar de otra manera. Eran como las once cuando el viejo entró a la casa, se chocó con los muebles y con las paredes y hasta vomitó al costado de la cama, como le dije. Dijo lo que dijo que nadie entendió, y enfiló para la pieza de las chicas. Yo y mi mama estábamos en la cocina, como estatuas, pero temblando como hojas. Solamente lo mirábamos cómo se tambaleaba y se golpeaba contra las cosas. (Piensa) Las chicas dormían. Entonces, como le dije, el viejo enfiló para la pieza de ellas, directo a la cama en la que dormían las más chiquitas, Mariela y Noemí. (Piensa) María y Lidia dormían en la otra cama, y en la otra dormía Alicia, que (duda) dormía conmigo, ¿sabe? La falta de espacio y camas, ¿vio? La casa tenía dos piezas, la cocina y el baño, nada más, y todo chiquito, todo justo. Nos arreglábamos como podíamos. (Piensa largamente) Bueno (suspira), ¿no va y el hijo de puta se quiere meter en la cama en la que dormían Noemí y Mariela, las más chiquitas? (Piensa) ¿Puede creerlo? ¿Puede creerlo, eh? (Espera respuesta) Entonces todo fue confusión (duda). María, que se había despertado, estaba sentada en la cama, como asustada, como llorando, ¿vio? (Piensa) Creo que tanto mi vieja como ella pensaron que el viejo se había equivocado de cama por lo borracho que estaba; medio que yo lo creí así (duda), hasta cierto punto. En el estado en que estaba el viejo, podía ser así, no era extraño. (Se apura) Pero cuando las chicas empezaron a gritar (duda). Mi vieja lo siguió de un salto, ¿sabe?, prendió la luz y lo vio. Yo estaba atrás de ella, viendo todo, también. (Duda largamente) El hijo de remil putas estaba encima de las chicas, manoseándolas, babeándoseles encima y tratando de sacarse el pantalón para (duda). Bueno (duda), ya sabe. ¿Mi vieja? Se puso a llorar, qué quiere que le diga. (Inspira) María, entonces, se levantó de la cama de un salto y se le mandó encima, clavándole las uñas en el cogote y en la espalda. Pero (piensa), qué iba a hacerle ella, si tenía catorce o quince años y no pesaba más que (duda). La verdad es que casi ni comíamos. Todos éramos flacos como palos, ¿sabe?, y nos enfermábamos dos por tres, del estómago y de los pulmones, principalmente; vivíamos en el hospital. En casa nunca había un mango. (Piensa largamente) Yo me saqué; la verdad es que me saqué. Fue mi bautismo de fuego (sonríe). Por eso le digo que esa noche empezó todo. Después siempre fue más fácil (piensa). El otro no es nadie, no es nada; uno puede amasijarlo tranquilo porque es igual que matar a una gallina o un gato. (Piensa) Es como con el sexo, ¿sabe?; la primera vez uno tiene miedo porque no sabe muy bien cómo es, qué tiene uno que hacer, qué va a pasar; después es fácil, uno ya no tiene miedo porque conoce cómo es el asunto, cómo hacerlo. Es más: después de la primera vez uno lo busca (duda), lo busca desesperadamente (ríe). El caso es que me descontrolé, ¿sabe? No podía creerlo. La verdad es que no podía creerlo. (Piensa) Ver al padre de uno tratando de violar a sus hijas de cinco o seis años (duda). ¿Usted podría creerlo? (Espera respuesta) Nadie, nadie en el mundo podría, ¿no? Porque es increíble (piensa). Entonces me saqué, me saqué de rabia y de asco, ¿entiende? Y me di vuelta para no ver y (duda) para buscar algo con qué darle en la cabeza al viejo, al muy hijo de puta. Nada (piensa). Salté hasta el aparador de la cocina, abrí el primer cajón y saqué el cuchillo. ¡Qué le iba a hacer! ¿Podía esperar? ¿Usted qué piensa? (Espera respuesta) Creo que también lloraba, aunque no me acuerdo bien,

¿sabe? Lloraba cuando corrí a la pieza y le clavé el Tramontina en la espalda, una y otra vez (llora) hasta que no pude más, y abrí los ojos y vi cómo las chicas salían de abajo del viejo, que parecía deshacerse a pedazos. (Piensa) Como un sueño, ¿se da cuenta?, como un mal sueño lo recuerdo, porque todo me parece borroso ahora. (Piensa) Una cosa bañada en sangre que trata desesperadamente de pararse, de salirse, de salvarse o (vacila) de morirse, mejor dicho. (Deja de llorar) Porque ahora pienso que el viejo quería morirse, ¿sabe?, hizo todo lo posible para morirse; estoy seguro. El hijo de puta quiso que lo mataran, que alguien lo matara (piensa). Y fui yo. Por ahí creyó que iba a ser un vecino de la villa, alguien de por la zona, algún ladrón o la policía, pero quería que alguien lo hiciera boleta, no tenga dudas. Lo sé. Supongo que ni él se aguantaba más, los pedos horribles, los vómitos, el quilombo en casa, el trabajo de mierda que tenía cuando lo tenía y la vida de mierda que llevaba, que llevábamos todos ahí, en la Villa, ¿se da cuenta? (Piensa) La verdad es que uno piensa todo eso y le dan ganas de pegarse un tiro, pero si uno es un cagón (duda) terminás deseando que alguien, quien sea, te haga bolsa para no sufrir más, no vivir más. ¿Usted qué piensa? (Espera respuesta) Por eso me rajé. (Vacila) Por eso y porque allá no podía olvidar cuando quería olvidar, se lo aseguro. El mal sueño volvía cada noche y también de día, con los ojos abiertos. No sé si usted sintió alguna vez algo igual. (Piensa) Claro que no. Es una tortura insoportable, que no se acaba nunca. Recordar todo el tiempo la misma cosa, la misma escena, como si me hubieran clavado frente al televisor con los ojos abiertos y con palitos en los párpados, para que viera siempre el mismo capítulo de una serie, cualquiera, todo el día, todos los días y todas las semanas. (Piensa) Un mal sueño, un cosa espantosa, ¿me entiende? (Espera respuesta) Temblar como una hoja, como muerto de frío, desnudo en la pieza, y el viejo arrastrándose desde la cama, transpirando sangre, hasta que me agarra de los tobillos y me mira con ojos que ya no eran ojos sino dos bolitas rojas de las que caen lágrimas o transpiración roja (vacila), como sangre. (Piensa largamente, cabisbajo) Las chicas estaban con mi vieja, todas empapadas de sangre, como si la transpiraran también. (Duda) Yo en el medio de la pieza, con el cuchillo en la mano, como en un sueño, un mal sueño, y mi viejo agarrado a mis pies, sangrando por los mil agujeros que tenía en las espalda, ¿sabe? (Piensa) Y yo ahí, cansado, podrido de la mierda que nos tapaba (duda). Cuando recién tenía doce o trece años, ¿se da cuenta?

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