El secreto del amor, Abraham B. Yehoshúa

erosEl amor- dice el periodista citando a Platón- es una señal de nuestra finitud y de la posibilidad de superarla. La pasión humana es como una escala con varios peldaños y va desde lo más concreto a lo más abstracto, de lo material a lo espiritual. Entender el mundo así es el mejor premio para el amante sensato, que consigue amar sin depender del objeto amado, ya que sabe que lo que le atrae de él, se halla en esencia también en otros cuerpos, trasciende lo corporal y accede a la belleza del alma…

– El alma- repite el cónsul, que obviamente está pensando en el alma impetuosa de su mujer.

-Ése es el secreto del amor. No hay fórmulas. Cada uno debe encontrarlo por sí mismo. Y por eso- prosigue el periodista mientras el blindado avanza muy despacio para no salirse de la estrecha y sinuosa carretera- Eros no es un dios ni un ser humano, es un demonio: un tipo cruel, sucio, pobre, sin casa, que vaga descalzo por las calles. Sin embargo, posee el poder de vincular lo divino con lo humano, lo eterno con lo pasajero…

 

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