En el principio no había sol ni luna ni estrellas, tradición de los indios maidus

 

espinasEn el principio no había sol ni luna ni estrellas. Todo estaba os­curo, y no había más que agua por todas partes. Flotando sobre el agua llegó una balsa. Venía del norte, y en ella había dos perso­nas, Tortuga y Padre de la Sociedad Secreta. La corriente era muy rápida. Cayó entonces del cielo una cuerda de plumas, llamada Pokelma, y por ella bajó el Iniciado de la Tierra. Cuando llegó al final de la cuerda, ató su extremo al arco de la balsa, y se quedó allí. Su rostro estaba cubierto y nunca fue visto por nadie, pero su cuerpo brillaba como el sol. Se sentó y nada dijo durante un buen rato. Por fin dijo Tortuga: «¿De dónde vie­nes tú?». Y el Iniciado de la Tierra respondió: «Vengo de arriba». Dijo Tortuga entonces: «Hermano, ¿no podrías hacerme un poco de tierra seca, de manera que pueda salir alguna que otra vez del agua?». Y preguntó de nuevo: «¿Habrá alguna vez otras gentes en la tierra?». El Iniciado de la Tierra se quedó pensativo y dijo por fin: «Sí». Preguntó Tortuga: «¿Cuánto tiempo tardarás aún en hacer a la gente?». Replicó Iniciado de la Tierra: «No lo sé. Tú quieres un poco de tierra seca. Bien, ¿de dónde voy a sacar tierra para hacértela?». Tortuga respondió: «SÍ me sujetas una cuerda al brazo derecho, bucearé para buscarla». Iniciado de la Tierra hizo como Tortuga decía; buscando alrededor, sacó de algún sitio un cabo de cuerda y lo ató a Tortuga. Cuando Iniciado de la Tierra llegó a la balsa, allí no había ninguna cuerda, pero él re­buscó y encontró una. Tortuga dijo: «Si la cuerda no es bastante larga, yo daré un tirón y tú me sacarás; si es bastante larga, daré dos tirones y entonces tú tirarás de prisa, de forma que yo pueda sacar toda la tierra que pueda coger». Cuando Tortuga se acercóal costado de la balsa, Padre de la Sociedad Secreta empezó a gritar sordamente.

Tortuga estuvo fuera mucho tiempo, durante seis años. Cuando regresó, estaba cubierta de cieno verde, de tanto tiempo que per­maneció allá abajo. Cuándo subió a la superficie del agua, la única tierra que traía era un poquito debajo de las uñas; el resto lo había perdido. Iniciado de la Tierra tomó en sus manos un cuchillo de piedra de debajo de su sobaco izquierdo y fue raspando cuidado­samente la tierra de debajo de las uñas de Tortuga. Puso la tierra en la palma de su mano y la amasó hasta que se formó una bola redonda; era pequeña como un guijarro pequeño. La depositó sobre la popa de la balsa. Una y otra vez se volvió a mirarla, pero no crecía nada en absoluto. La tercera vez que fue a mirarla había crecido de modo que se la podía rodear con los brazos. La cuarta vez que la miró era ya tan grande como el mundo, la balsa estaba varada y alrededor había montañas hasta perderse de vista. La balsa encalló y todavía hoy puede verse el sitio.

Cuando la balsa tocó tierra, dijo Tortuga: «No puedo estar siempre a oscuras. ¿No puedes hacer una luz para que yo vea?». Replicó Iniciado de la Tierra: «Vamos a sacar la balsa, y luego veremos qué se puede hacer». La sacaron entre los tres. Entonces dijo Iniciado de la Tierra: «¡Mirad allí, hacia el Este! Voy a decirle a mi hermana que venga». Entonces empezó a hacerse la luz y rom­pió por fin el día; entonces se puso a gritar sordamente Padre de la Sociedad Secreta, y salió el sol. Dijo Tortuga: «¿Por qué ca­mino va a viajar el sol?». Respondió Iniciado de la Tierra: «Le diré que siga este camino y que se ponga por allí». Una vez que se hubo puesto el sol, Padre de la Sociedad Secreta empezó a llorar y a gritar de nuevo, y se hizo una gran oscuridad. Iniciado de la Tierra preguntó a Tortuga y a Padre de la Sociedad Secreta: «¿Os gusta mucho?». Y ellos respondieron a la vez: «Es muy bueno». Preguntó entonces Tortuga: «¿Es esto todo lo que piensas hacer por nosotros?». Y respondió Iniciado de la Tierra: «No, todavía voy a hacer mucho más». Entonces fue llamando una a una a las estrellas por su nombre, y fueron saliendo. Hecho esto, preguntó Tortuga: «¿Qué tenemos que hacer nosotros ahora?». Replicó Iniciado de la Tierra: «Esperad y os lo diré». Entonces hizo crecer un árbol, el árbol llamado Hukimsta; Iniciado de la Tierra y Tortuga y Padre de la Sociedad Secreta se sentaron a su sombra durante dos días. El árbol era muy grande, y en él crecían doce clases distintas de bellotas.