Tengo flores y de noche invito a los álamos, Salvatore Quasimodo

Jaume BarbaMi sombra está sobre otro muro

de hospital. Tengo flores y de noche

invito a los álamos y a los plátanos del parque,

árboles de hojas caídas, no amarillas,

casi blancas. Las monjas irlandesas

no hablan nunca de muerte, parecen

movidas por el viento, no se maravillan

de ser jóvenes y gentiles: un voto

que se libera en las ásperas plegarias.

Me parece que soy un emigrante

que vela encerrado en sus cobijas,

tranquilo, por tierra. Tal vez muero siempre.

Pero escucho gustosamente las palabras de la vida

que jamás he entendido, me detengo

en largas hipótesis. Ciertamente no la podré eludir;

seré fiel a la vida y a la muerte

en cuerpo y espíritu

en cada dirección prevista, visible.

A intervalos algo me supera,

ligero, un tiempo paciente,

la absurda diferencia que corre

entre la muerte y la quimera

del latir del corazón