Los muertos, Joan Margarit

11887960_879795955436179_4470707343695294507_nTres golpes, tres palmadas contra el muro:

Uno, dos tres: al escondite inglés.

Resuenan y avanzamos, y quedamos inmóviles

mirando hacia la espalda de la Muerte,

que, rápida, se vuelve para así sorprender

a los que aún arrastra el propio impulso

y los echa del juego para siempre.

Uno, dos, tres: al escondite inglés.

Se va la luz. Igual que un punto de oro

la vela hace temblar las sombras de la estancia.

¿Por qué hace tanto frío en la posguerra?

Y la Muerte se vuelve y ve a mi hermana

que se agita, febril, y llora bajo el hielo.

Uno, dos, tres: al escondite inglés.

El pasado era el rostro de mi padre:

prisiones, cicatrices, deserciones.

Qué terror le causaban las palmadas

contra el muro: no pudo terminar

un gesto de impaciencia.

La ira, el miedo

lo delataron a la Muerte.

Uno, dos, tres: al escondite inglés.

Nunca nos apartamos de su lado.

Ahora juego con mi hija muerta.

¿Por qué no pude adivinar sus ojos?

Pero el futuro, astuto, hace trampas.

No escuché los tres golpes: me sonrió

y junto a mí ya estaba su vacío.

Pero el juego debía continuar.

Uno, dos, tres: al escondite inglés.

Ya no me importa si me ve la Muerte:

sonriente miro hacia los que me siguen.

Ahora, tan cercano ya del muro,

ignoro lo que pueda haber detrás.

Sólo sé que me marcho con mis muertos.