Joven y bella, Sarainés Kasdan

 

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Veniamin Losin

Un joven durmió y en el sueño soñó con la Verdad, soñó que la amaba y que no era imposible poseerla.
Cuando despertó, no recordaba los detalles del sueño, pero sí la felicidad que lo habitaba.
Desde entonces le dedicó su vida. La buscó primero en la memoria escrita, en los libros de los sabios, en la historia de los pueblos. Pronto comprendió que ése no era el camino: lo que un libro decía lo contrariaba el otro.
Buscó después en las iglesias y los profetas, en la herencia de Dios, los mandatos y sus reglas. Tampoco obtuvo respuesta. Todas las religiones afirmaban contener la Verdad absoluta, aunque sus doctrinas se opusieran.
Salió a los caminos de la tierra, preguntó a todos los hombres: “¿Conoces la verdad, sabes dónde se encuentra?” Y todos respondían de la misma manera: “La verdad es una mujer joven y bella, otorga felicidad al que la vea, vivió entre los hombres hace mucho tiempo, nadie sabe dónde se encuentra”.
Buscó por años, preguntó en todos los pueblos, escuchó todas las respuestas, envejeció con el mundo.
Anciano, llegó al fin de la tierra. Encontró una gruta profunda y en la gruta una vieja muy fea y en la vieja reconoció la Verdad que buscaba.
– Verdad, te amo, ven conmigo, los hombres te esperan
La Verdad nada dijo.
Tres días con sus noches estuvo el anciano con la vieja, intentando convencerla.
Tres días y tres noches perdidos y en silencio.
Finalmente supo que era inútil.
– Debo irme, dijo el anciano. Dame un mensaje para el mundo de los hombres, para que sus habitantes tengan una palabra de Verdad y vivan con ella.
La vieja lo miró, triste y profunda como los siglos y le dijo:
– Diles a todos que soy joven y bella.

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