El séptimo hombre, Attila József

Claire Martin

Claire Martin

Si a este mundo te lanzas

mejor que nazcas siete veces.

La primera en una casa en llamas,

otra en una helada inundación,

otra en un manicomio desquiciado,

otra en un campo de trigo maduro,

otra en un claustro vacío,

y otra en un chiquero entre puercos.

Seis bebés berreantes no bastan:

tú mismo debes ser el séptimo.

Cuando debas luchar por sobrevivir

deja que tu enemigo vea siete.

Uno que no trabaja en domingo,

otro que comienza su labor en lunes,

otro que enseña sin que le paguen,

otro que aprendió a nadar ahogándose,

otro que es semilla del bosque

y otro por antepasados salvajes protegidos.

Pero todas sus tretas no bastan:

Tú mismo debes ser el séptimo.

Si quieres encontrar mujer

deja que siete hombres la busquen.

Uno que dé su corazón por las palabras,

otro que se ocupe de sí mismo,

otro que diga ser soñador,

otro que pueda sentarla bajo la falda,

otro que sepa de chasquidos y señuelos,

otro que se enreda en su chalina,

deja que la rodeen como moscas.

Tú mismo debes ser el séptimo.

Si escribes y te alcanza para hacerlo

deja que siete hombres escriban tu poema.

Uno que levanta pueblos de mármol,

otro nacido en un sueño,

otro que traza el cielo y lo conoce,

otro a quien las palabras llaman por su nombre.

otro que perfeccionó su alma,

otro que disecciona ratas vivas.

Dos son valientes, cuatro son sabios.

Tú mismo debes ser el séptimo.

Y si todo ocurre según lo escrito

morirás por siete hombres.

Uno al que mecen y amamantan,

otro prendido a pechos jóvenes y firmes,

otro que arroja platos vacíos,

otro que ayuda a los pobres a vencer,

otro que trabaja hasta quebrarse,

otro embelesado por la luna.

El mundo será tu lápida:

tú mismo debes ser el séptimo.