Los pezones de Amelia, Antonio Costa

cxgb2znuoaaocgbLos pezones de Amelia son mágicos. Lo descubrió un día cuando fue al manicomio a visitar a un primo suyo. De repente, en el jardín, un enfermo se abalanzó sobre ella, le desgarró el sostén, y empezó a chuparle los pezones. Los celadores lo apartaron, pero él se mostró tranquilo, confiado, y empezó a explicar teoremas matemáticos. Después lo llevaron al director y le aclaró las teorías de Einstein (el director nunca las había entendido). Amelia se sintió muy avergonzada y después se quedó pensativa. El hecho fue muy comentado. Unas semanas después un tío suyo estaba muy triste. Ella se acercó a consolarlo: “¿Qué te pasa, tío?” El la miró con aflicción. Ella se desabrochó lentamente la blusa y el tío lamió los pezones. Entonces se sintió recuperado y lleno de fuerzas. Estuvo muy simpático en la comida,y al día siguiente ganó mucho dinero en la Bolsa. Amelia no sabia que pensar de su poder. Se sentía abrumada y temerosa, y con una cierta ternura. Un día iba al instituto con unas amigas y se le acercó una campesina con un niño tullido: “Por favor, señorita, anide a mi hijo”. Amelia se sintió totalmente azorada. Pero la campesina insistía, y al final desnudó su pecho. Fue asombroso: el muchacho se recompuso y comenzó a dar saltos de alegría. Al día siguiente la abordó a la salida de su casa con un enorme bizcocho y una sonrisa como un cometa. Llevaron a Amelia a casa de un sabio que había estudiado en Heidelberg. El sabio comentó: “Tantos siglos buscando la piedra filosofal, y está en los pezones de esta muchacha”. La familia de Amelia empezó a preocuparse mucho. Llegaban muchas cartas para ella y desconocidos llamaban a su puerta. Los compañeros la miraban y sonreían. Ya no podía ir sola al parque ni entrar en una tienda, porque la conocían y la felicitaban. Amelia permanecía melancólica en su habitación escuchando canciones de Leonard Cohen y hablando con un amigo que nunca había visto sus pechos. Sus padres decidieron que se fuera a América y la mandaron a Boston. Allí vivía un amigo de la familia. Se matriculó en un campus y paseaba por las calles antiguas. Un día se puso a mirar tiendas y a tomar chocolate con un amigo. El muchacho tenía mucho acné y estaba triste. Amelia se puso cariñosa y él le desabrochó el sostén. Chupó los pezones con delicia. Al despedirse él ya no tenía granos. Le estaba infinitamente agradecido. Se sentía unido a ella por una sensación especial. Más tarde el amigo de la milia tenía cáncer. Amelia se acercó a el por la noche y como en sueños él le besó los pezones. Al día siguiente estaba curado. Entonces concibió una pasión loca por ella. Ella tuvo que marcharse y terminar sus estudios en París. Un multimillonario de Texas la buscó por todos los medios y la invitó a su mansión. Consiguió que su mujer lamiera los pezones de Amelia y se curó de hipocondría. El millonario ofreció a Amelia una pensión vitalicia. Pero ella no aceptó y consiguió desaparecer. Hoy Amelia es anciana y mira sus pechos en el espejo. Apenas tienen ya poder. Sus pezones no la curan de su tristeza. Ha pasado el tiempo y sus amores han muerto.. Uno de ellos escuchaba sus pechos y tomaba champán al atardecer, cerca de Niza. Ella bebía de su copa y acariciaba sus párpados.

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