La última noche, David Mena

Dang Van Can

Dang Van Can

Le dijo que la quería y que nunca había querido a nadie como a ella, aunque lo cierto es que la miraba a los ojos como se mira a una desconocida. Como el presupuesto del rodaje era corto, hay que imaginar que la luz rojiza que envuelve a la pareja es de un tono malva y que procede de un atardecer oceánico, y de igual modo que las olas que parecen detenidas al fondo de la imagen como si fueran una impresión fotográfica en realidad responden a un mar extremadamente calmo. Él le contó que al día siguiente tendría que partir en la nave Sejlta 41 para una misión suicida, de la que lógicamente no regresaría con vida, e hicieron el amor desconsoladamente toda la noche. A la mañana siguiente, la muchacha no podía dejar de llorar viendo cómo su amado se alejaba para siempre en una pequeña nave que parecía sostenida del cielo como por un hilo de pescar.