Letanía, Lina Zerón

Benditas las mujeres que protegen el fruto de su vientre

asumiendo la parábola de su belleza bajo un delantal,

aquellas que lavan su rostro con el manto de la rutina

y aprenden a alzar la voz , aunque sólo se tenga la voz.

Benditas las mujeres que arrastran la cruz de impuras

regando su futuro con lágrimas de ausencias

que encuentran purificación en el agua de cualquier río

y tejen amores dispersos en el manar del tiempo.

Benditas las mujeres que se enamoran,

las hechiceras de la noche,

las que comparten el fuego de las bodas del cuerpo

en la consagración de la piel.

Benditas las que gritan lo que el corazón profesa

las que escuchan y las que imponen su palabra

también las que callan su verdadera pasión

sobreviviendo como agua estancada y triste.

Benditas las que enfrentan el nido vacío

reviviendo cada noche el éxodo desde su origen.

Benditas las que son tormenta, río sin cauce,

a las que llaman locas, revoltosas,

liberadas, feministas,

y son capaces de atropellar al viento con una mirada

Benditas las hembras con fracturas y fragmentos.

Benditas Nosotras, matriz del universo.