¿Cuántos dedos tengo aquí?, Carlos Manuel Téllez

Colombina cree que un columpio le marcó la vida. Cierta vez, cuando venía de clases, dejé la mochilita en el césped, toqué sus asientitos, las cadenas caídas el propio peso atadas por sus tornillos, me senté, me balanceé ajustando mi falda color azul plisada, mis zapatitos negros satinados me empujaban para sentirme feliz al balanceo como un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña…. Loco loroco cabeza de coco fueron creciendo las cosquillas en mi panza de catapanza; ese viento soplando en mi cara, me sentí libre, quería sentirme paloma en la loma y volar libre como cualquier otra niña. Ese columpio fue algo más para mí, pasaba a veces días enteros meciéndome en él, llegué a quererlo más que mi vida misma al sentir las presiones de mis manos en esas cadenas, hasta que un día volvió a pasar. Mientras me mecía llegó mi papaíto por detrás sin que yo lo sintiera, sin que yo lo viera venía a mí el gato garabato y me pregunta si me gusta columpiarme. Agaché la cabeza, no quería darle la cara careta, pero él estaba hincado frente a mí. ¿Te gusta columpiarte en el columpio, Colombina?, me volvió a preguntar y yo sin contestar. Quería unas piernas ligeras por Si estás en la carretera y oyes un bip-bip, quería irme y atravesar la calle, subir al primer autobús, esconderme bajo el asiento. Pero no podía, él estaba frente a mí, arrodillado diciéndome Abracadabra, patitas de cabra; pero no, yo no quiero. Él otra vez con sus manos duras en mis tobillos de molinillos; Abracadabra, querés que tu papaíto te mesa; yo moví mi cabeza diciendo que sí, que no, que caiga un chaparrón… como para que se fuera. Se fue no tan lejos, por detrás, rozó mi hombro con su mano cara de banano, después con la otra cara de patriota; y empezó a empujarme por la espalda. Estabas asustada, Colombina, no digás que no; y él seguía empujándome fuerte y después el miedo, debía haber pensado en corre, corre niña, pajarito vuela que las estrellitas están en la escuela… las cosquillas en mi panza crecían. Papaíto me detuvo en seco, y otra vez frente a mí me pregunta si le gusta a Colombina volar por los aires; Sip!, le digo. Una vez más sus manos pero en mis piernitas terciecitas y blanquitas, ¡Abracadabra! Y él subiendo su mano entre mi falda color azul de pijul. Retorna a preguntar: ¿te dio cosquillita la pancita?; Sip!, Abracadabra ¿te gustaría sentir otra cosquillitas Colombinita bonita?; Sip!, Abracadabra, tenés que prometer que nadie, nadie, NADIE va a saberlo; Sip!, Abracadabra, ni a la dama que le dice que la ama; Sip!, Abracadabra, ni la profe Roque cabeza de alcornoque. Y su mano subiendo lenta como amarga menta hasta La cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar…. ¿Lo promete niña bella?, me pregunta, Sipirirín! Le digo yo. Entonces, finalmente me dice: ¡Abracabrona las patas de mona! Y mientras su mano cara de banano y después la otra cara de patriota… Recotín tin tin ¿cuántos dedos tengo aquí?…