El trust de los fantasmas, Giovanni Papini

Hay médiums prodigiosos que consiguen emitir porciones de materia viviente llamada ectoplasma. En el estado de trance crean junto a sí miembros humanos y, a veces, criaturas enteras, de una materia casi fluida, pero observable, que los ignorantes llaman “espectros”. Durante muchos años he estudiado el problema de la conservación de los espectros y lo he conseguido finalmente. Hasta ahora estos fantasmas reales se disolvían al final de la sesión, con grave daño de la ciencia y también de la comodidad humana. Yo he conseguido hacerlos estables, duraderos y prácticamente inmortales. Semejantes criaturas casi irreales, y, sin embargo, vivas e inteligentes, serían buscadísimas en todas partes de la tierra. Tener a su servicio un espectro de materia sutilísima, que puede penetrar donde nos está vedado, que puede ver y oír lo que para nosotros es oscuro y mudo, que puede aterrorizar a nuestros enemigos y ser la compañía de nuestras noches —intermediario anfibio entre este mundo y el otro, entre la vida y la muerte, entre el ser y el no ser—, disponer de un ser no engendrado como todos los demás, un seudoantropo servicial, al cual es permitido lo que a los otros está negado, sería un lujo inaudito, una fortuna indecible y milagrosa. Una sociedad anónima para la fabricación y conservación de los espectros proporcionaría fabulosos beneficios. La industria tiene ahora el dominio y el monopolio de todas las fuerzas de la naturaleza, a excepción de la más admirable de todas: el espíritu. Estas apariciones indecisas y efímeras, que hasta ahora han servido únicamente para satisfacer la curiosidad y la vanidad de los psicólogos y el hambre de misterio y de emoción de los ocultistas, pueden convertirse, con ventaja para todos, en instrumentos de progreso y de bienestar. El pueblo de los fantasmas, hasta ahora refractario, puede entrar a formar parte de la economía mundial. También el alma, para el hombre moderno, es exportable y comerciable.