El peregrino, Eduardo Mitre

Sé que nada plantaron

mis actos ni mis palabras.

Mi patria fue el tiempo,

la errancia mi casa.

Mi memoria es ahora

una lista interminable

-abrumadora casi-

de dones y donantes:

Un pliego de cargo

que levanta el camino

por lo mucho recibido

y lo poco que di a cambio.

Ojalá sea la gratitud

semilla de un árbol,

y que la mía dé frutos

en la tierra de otras manos.