Ausencias, Paul Éluard

I

El simple placer y el pobre misterio

De no ser visto.

Os conozco, colores de árboles y de ciudades,

entre nosotros hay la transparencia de siempre

entre las miradas brillantes.

Ella se desliza sobre las piedras

como se desliza el agua.

En un lado de mi corazón se oscurecen vírgenes,

en el otro la dulce mano se posa en las laderas de las colinas.

La curva de una poca agua provoca esta caída,

esta combinación de espejos.

Luces de precisión, no guiño los ojos,

no me muevo,

hablo,

y cuando duermo

mi garganta es una ola con bandera de tul.

II

Salgo del brazo de las sombras,

estoy bajo las sombras,

solo.

La piedad es más noble y puede muy bien seguir siéndolo,

la virtud se hace la limosna de sus senos

y la gracia se coge a sus párpados.

Ella es más bella que las figuras de los anaqueles,

ella es más dura,

ella está abajo, con las piedras y con las sombras.

Yo la he alcanzado.

Aquí es donde la claridad libra su última batalla.

Si me duermo, es para no soñar más.

¿Cuáles serán entonces las armas de mi triunfo?

En mis grandes ojos abiertos se une el sol,

¡Oh jardín de mis ojos!

Todos los frutos están aquí simulando ser flores,

flores en la noche.

Una ventana de verdor

Se abre de repente en su cara.

¿Dónde pondré mis labios, naturaleza sin orillas?

Una mujer es más hermosa que el mundo en que vivo,

Y cierro los ojos.

Salgo del brazo de sombras,

Estoy bajo sombras

Y sombras me esperan.