Exilio , Jorge Fernández Granados

Algún día estaré contigo donde un ala
sea la errante evidencia del milagro,
en una patria que el viento dispersó,
una tierra que nos vio caer
para olvidarnos.
Algún día despertaremos ahí,
a un lado de la luz, como los pájaros,
tal vez viajeros en la niebla
con una rama de olivo entre los dedos,
cansados de esperar, obedecer y morir,
salvajes como el dios de nuestra infancia.
Algún día, cuando la maldición del tiempo se termine,
tocará nuestra frente el agua del umbral perdido.
Ese día estaremos de regreso.

Acantilado, Gladys Gonzáles

La noche
es una botella
envuelta en papel azul
que va amargamente
de un lado a otro de la habitación

el sonido de la lluvia y el viento
dibujan en el gastado papel mural
sombras de pequeños pájaros
que se lanzan desde el ciruelo
al vacío de los acantilados

Andrés Armoa, Jorge Luis Borges

Los años le han dejado unas palabras en guaraní, que sabe usar cuando la ocasión lo requiere, pero que no podría traducir sin algún trabajo.
Los otros soldados lo aceptan, pero algunos (no todos) sienten que algo ajeno hay en él, como si fuera hereje o infiel o padeciera un mal.
Este rechazo lo fastidia menos que el interés de los reclutas.
No es bebedor, pero suele achisparse los sábados.
Tiene la costumbre del mate, que puebla de algún modo la soledad.
Las mujeres no lo quieren y él no las busca.
Tiene un hijo en Dolores. Hace años que no sabe nada de él, a la manera de la gente sencilla que no se escribe.
No es hombre de buena conversación, pero suele contar, siempre con las mismas palabras, aquella larga marcha de tantas leguas desde Junín hasta San Carlos.
Quizá la cuenta con las mismas palabras, porque las sabe de memoria y ha olvidado los hechos.
No tiene catre. Duerme sobre el recado y no sabe qué cosa es la pesadilla.
Tiene la conciencia tranquila. Se ha limitado a cumplir órdenes.
Goza de la confianza de sus jefes.
Es el degollador.
Ha perdido la cuenta de las veces que ha visto el alba en el desierto.
Ha perdido la cuenta de las gargantas, pero no olvidará la primera y los visajes que hizo el pampa.
Nunca lo ascenderán. No debe llamar la atención.
En su provincia fue domador. Ya es incapaz de jinetear un bagual, pero le gustan los caballos y los entiende.
Es amigo de un indio.

Felices los normales, Roberto Fernández Retamar

Felices los normales,
esos seres extraños,
Los que no tuvieron una madre loca,
un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte,
una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados
por un amor devorante,
Los que vivieron
los diecisiete rostros de la sonrisa
y un poco más,
Los llenos de zapatos,
los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces,
los que cómo no, por aquí,
Los que ganan,
los que son queridos
hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos
y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces,
los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen,
los más locos que sus madres,
los más borrachos
Que sus padres
y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.

Uno tarda su propia vida en comprender que ya no le aman, Elvira Sastre

Uno tarda su propia vida
en comprender que ya no le aman.

Cuando por fin lo entiende entonces ya es tarde,
los puños se destensan,
el nudo se afianza y se acomoda,
el tiempo pasa lento como el vuelo de esos pájaros
que ya no llegan
y la vida parece un otoño que no termina de romper.

He de aprender a seguir, me repito,
tras esta barrera de barro y recuerdos.
He de hacerlo, me digo,
con las manos llenas de años.

No lo estoy haciendo mal, amor.
Mi madre me ve reír,
me dejo abrazar por el sol de la calle,
pienso en el mar a cada instante, pienso en él cuando me ahogo
y respiro, intento respirar, trato de controlar
el aire que me falta a veces
y otras veces lo consigo,
y pienso que te gustaría saberlo.

Sin embargo,
aún me asusta hablar de ti,
ponerte en boca de otros
y no tener ya ganas de besarla.

Estoy rota por dentro y no lo oculto.
Sé que pasará un tiempo hasta que puedas abrazarme
y no se te claven mis pedazos,
esta parte de ti hecha añicos aquí dentro.

Poco a poco voy comprendiendo este peso,
esta carga de nostalgia tremebunda que nadie logra sostener,
esta tristeza que tú entendiste y acariciaste
hasta que te miró de frente y la soltaste.

No te culpo,
es importante que lo sepas,
me hiciste dormirla durante tanto tiempo
que sigo creyendo que fuiste un milagro aunque ya no crea en la fe.

Sé que mi risa es una meta y mi tristeza el camino,
sé que ambas volverán a partir el mundo de alguien en dos,
pero ahora solo necesito cuidar de mí misma
y dejarme en las manos del tiempo que me acompaña siempre.

Porque a veces me río, amor,
y me acuerdo de ti
y pienso que te gustaría saberlo, que lo echarás de menos,
y entonces un pájaro se para en mi alféizar y me tiende un ala.

Reencarnación, Georgina Herrera

Cómo será si vuelves
y yo también,
sin que sepamos
que fuimos ya; sin un indicio.
Ser otra vez, sin más destino
que encontrarnos así,
como si nunca.
Quiero llegar a ti y que tú vengas
en despacioso viaje, como
tú sólo sabes.
No tener más destino
que el de siempre.
Asombrarnos los dos.
No importa que paguemos
deudas que no sabemos cuáles fueron,
pero que vuelvas
y venga y, para estar juntos,
queriéndonos, mientras
se hace palabras sobre mi piel
aquel asombro tuyo al descubrirme;
yo, asombrada también.
Que me concedas lo que ya me diste,
que nuevamente
me prometas lo que sí cumpliste.

Tao, Jorge Fernández Granados

Mi madre era una mujer que llevaba su casa a todas partes
mi padre era un hombre que llevaba sus ruedas a todas partes
mi madre era una mujer que dondequiera que vivía buscaba arraigarse
mi padre era un hombre que dondequiera que vivía buscaba la hora de irse
mi madre era una persona que necesitaba un espacio para hacerlo suyo
mi padre era una persona que necesitaba un espacio para recorrerlo
ella quería saber siempre el nombre del lugar a donde llegaría
él quería saber la hora anticipada en la que emprenderían el viaje
ella hacía todo lo posible porque pasara lo que pasara las cosas volvieran a su sitio
él hacía todo lo posible por remover el lugar fijo de las cosas
ella medía el tiempo en círculos
él medía el tiempo en una línea de fuga
lo que aún es un enigma para mí
es por qué en los últimos años de sus vidas cambiaron de papeles
y cuando tuvieron un jardín
mi madre sembró plantas que dan flores
pero mi padre sembró plantas que dan frutos

Tantas cosas asustan, Sandra Cisneros

Tantas cosas asustan. Tantas.
Los muertos y los vivos.

Lo que la oscuridad no nos permite ver
y lo que nos permite.

Pasos sobre un patio
tanto como el silencio.

Y cosas simples.
Aritmética. La renta.

El infinito también asusta.
Números. El cielo.
Dioses que siempre fueron y serán.
La inmortalidad.

Cual es peor?
Estar siempre sola,
o estar con alguien para siempre.

Y el finito aterroriza.
Nuestras vidas por ejemplo.

El amor asusta.
Igual la luna y los generales.
Y pesan mucho.

No uno por uno.
Pero todos juntos.
Como una lata de canicas.

La felicidad, al contrario,
es otro asunto.
Tiene que ver con papalotes

Morirse es malo, Georgina Herrera

Lo malo de la muerte es ese llanto,
no el de los que se quedan;
a esos, la misma vida
les devuelve la risa poco a poco.
Hablo de los que parten.
Yo pude ver en sueños
lo malo que es morirse.
Te la pasas llorando todo ese tiempo,
todos cruzan llorando por tu lado,
nadie da consuelo
porque nadie lo tiene,
y pasamos sin ver a los que amamos
y ellos igual… sin vernos.
Nada de bienvenidas,
no se hacen preguntas;
la palabra es el llanto.
Llegas
a ese lugar que no se sabe donde
queda ni lo que es,
ligera, como en vuelo,
sin venir de algún sitio
ni andar a otro,
ni estarse en paz.
Llorando.
Así es la muerte:
sin besos, sin abrazos,
sin odio, sin amarse,
llorando todo el tiempo.

 

Es raro el amor, Mónica Gameros

Es raro el amor,

es un monstruo que nos aguijonea y luego nos abandona en el basurero,

a merced del idealismo, del vacío, de la adicción.

Es tan raro el amor: un fenómeno neuronal dicen los que fríos observan la vida tras el cristal;

una tragedia dicen las que mueren de amor al encontrar el camino al suicidio,

la mejor de las drogas digo yo, cuando después del beso viene la euforia

y arde mi piel.

Es raro el amor: un beso cálido, el último abrazo,

una palabra flotando en la habitación del hotel,

en el callejón solitario, en el asiento trasero del auto,

en las azoteas de esta ciudad.

Es imperfecto el amor, insólito viene de improviso: puede dejarnos en silencio,

arrancarnos un grito, un lamento, una sonrisa impertinente en medio del comedor,

en medio de un cementerio de muecas sombrías.

Es extraño y raro el amor: una bomba de adrenalina,

un impulso para seguir con la vida, incluso

una ironía que nos indica el camino a la locura.

A veces pienso en el amor como un mito,

es uno, sus tonos, sus matices, su brillo

cambian de acuerdo al monstruo que soy y al monstruo al que amo,

es uno con el que comparto los besos, es otro con los suspiros y

es diferente cuando me tragan los silencios, esos espacios de tiempo

en los que nos observamos y nos reconocemos.

Es loco el amor, puede llevarnos a las cenizas,

o transformarnos e impulsarnos

para estallar la bomba que termine con este infierno.

Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses, Eduardo Lizalde

Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses;
que se pierda
tanto increíble amor.
Que nada quede, amigos,
de esos mares de amor,
de estas verduras pobres de las eras
que las vacas devoran
lamiendo el otro lado del césped,
lanzando a nuestros pastos
las manadas de hidras y langostas
de sus lenguas calientes.

Como si el verde pasto celestial,
el mismo océano, salado como arenque,
hirvieran.
Que tanto y tanto amor
y tanto vuelo entre unos cuerpos
al abordaje apenas de su lecho, se desplome.

Que una sola munición de estaño luminoso,
una bala pequeña,
un perdigón inocuo para un pato,
derrumbe al mismo tiempo todas las bandadas
y desgarre el cielo con sus plumas.

Que el oro mismo estalle sin motivo.
Que un amor capaz de convertir al sapo en rosa
se destroce.

Que tanto y tanto, una vez más, y tanto,
tanto imposible amor inexpresable,
nos vuelva tontos, monos sin sentido.

Que tanto amor queme sus naves
antes de llegar a tierra.

Es esto, dioses, poderosos amigos, perros,
niños, animales domésticos, señores,
lo que duele.

Final, Juan Gelman

Ha muerto un hombre y están juntando su sangre en cucharitas,

querido Juan, has muerto finalmente.

De nada te valieron tus pedazos

mojados en ternura.

Cómo ha sido posible

que te fueras por un agujerito

y nadie haya ponido el dedo

para que te quedaras.

Se habrá comido toda la rabia del mundo

por antes de morir

y después se quedaba triste triste

apoyado en sus huesos.

Ya te abajaron, hermanito,

la tierra está temblando de ti.

Vigilemos a ver dónde brotan sus manos

empujadas por su rabia inmortal.

La ruptura, Rupi Kaur

la mujer que viene después de mí será una versión
pirata de mí misma. lo intentará, y te escribirá poemas
para que borres aquellos que he dejado memorizados
en tus labios, pero sus versos nunca podrán golpearte
por dentro como lo hacían los míos. entonces,
intentará hacerle el amor a tu cuerpo. pero nunca va a
lamerte, acariciarte o chuparte como yo. será una triste
sustitución de la mujer que dejaste ir. nada de lo que
haga te excitará y eso la romperá. cuando se canse de
romperse por un hombre que no le devuelve lo que ella
le da me reconocerá en tus párpados mirándola con pena
y lo entenderá. cómo puede amar a un hombre que está
ocupado queriendo a alguien a quien no puede volver a
tocar

Que nada nos separe, Pablo Neruda

1-frank-auerbach

Para que nada nos separe,
que no nos una nada,

Pero mi cuerpo siempre te conocerá,
mi pensamiento siempre te recordará,
cada canción, imagen u olor
a mí te traerá.

Cuando pueblen en tu cabeza las blancas experiencias
verás con otros ojos los pocos
momentos que pude entregar
sólo te pido que intentes ver
las razones por las cuales
compartir los espacios no pude.

Tu amor me hizo volar,
ilusión fue lo que me llenó la vida.

Te devolveré las cartas nunca escritas
te devolveré las rosas marchitas
pero dejaré conmigo tu abrazo
tu beso, tu paciencia
tu sonrisa, tus ojos
tu recuerdo.

Agradecida de tí quedo
agradecida y con un dejo de tristeza
tristeza que sólo el tiempo
transformar podrá
en un recuerdo para mi eternidad

Oración de Caín, José Luis Piquero

Gracias, odio; gracias, resentimiento;
gracias, envidia:
os debo cuanto soy.
Lo peor de nosotros mantiene el mundo en marcha
y la ira es un don: estamos vivos.

De quien demonios sean las sonrisas,
derrochadas igual que mercancía barata,
yo nunca me he ocupado.

Gracias por no dejarme ser inconstante y dulce
mientras levanta el mundo su obra minuciosa de dolor
y nos hacemos daño unos a otros
amándonos a ciegas,
con torpes manotazos.

Yo soy esa pregunta del insomnio
y su horrible respuesta.
Bésanos en la boca, muchedumbre, y esfúmate,
que estamos siempre solos y no somos felices.

Gracias, angustia; gracias, amargura,
por la memoria y la razón de ser:
no quiero que me quieran al precio de mi vida.

Gracias, señor, por mostrarme el camino.
Gracias, Padre,
por dejar a tu hijo ser Caín.

Si algo te asombra, Rubén Martín Díaz

Si algo te asombra, entra. No declines
estar
en eso que deseas.

No lo mires. Contempla. Date a ello.

Ten por seguro
que habrá estado esperándote
antes de que llegaras.

Si el bosque te respira,
abre el pulmón. Sé árbol.

Si la piedra entorpece tu camino,
entonces cógela,
hazte piedra en tu mano
y prolonga tu cuerpo en la distancia
cuando la arrojes.

Si es la isla que te observa desde lejos,
piénsate en ella;
incluso el agua cambia
todos sus átomos
llegada al barro que limita
la orilla.

Si es la llama
que vertebra la bóveda del aire,
crece en el fuego. Cumple sus designios.

Si el animal se asusta,
entra en su miedo. Dale paz. No vayas
tras él.

Y si es la luz
que unta de otoños este mirador
desde el que observas,
déjala cruzar
tu cuerpo
y que en él se ilumine con justicia.

No me ocupa, Eglé Flores

No me quita el sueño si virgen hasta el matrimonio, jamás tocada, reina del poliamor, todas en una. Si cabalga unicornios, espera príncipes, devora princesas o está a dieta. Si nació con pene, sin él, o compró uno con velocidades en la sex shop de confianza.

No me indigna que se desconozca en orificios, o se defina en terminaciones nerviosas; que le guste clitorial, vaginal, ambos; que no llegue porque el tantra y el orgasmo cósmico, porque el placer permanente, porque mucha mente y dogma.

No me ofende si parió a los cuarenta porque la maternidad, a los veinte por desconocerla, nunca. Si trajo al mundo lo que Dios dispuso o abortó sin causal, por gusto, porque dueña de su cuerpo.

No me afecta si da teta durante años, porque la salud, porque la liga de la lactancia; si ensarta fórmula al mes, al día siguiente, porque las chichis caídas, la chamba y la política lesa, inexistente. Si trabaja o se queda en casa. Si house schooling, generación Waldorf o ‘dios te salve maría’ en la guardería.

No me incomoda si brasileño, rebaje lateral o selva tropical, si trenzas en las axilas o rapado clínico. Si sonrisa bótox, implantes 38D, arrugas a mucha honra, celulitis digna.

No me aflige si zapato de tacón, de piso porque la espalda, la revolución femenina… o porque así le gusta nomás. Si las prefiere cortas, largas, ceñidas, aguadas o mejor bluyines, o mejor burkinis.

No me limita si tiene pasado, si viaja sin él. Si la luz, la sombra, la escala de grises. Si feminista de derecha, de izquierda, de extrema frontal, gancho al hígado.

Qué soy, qué sea, qué seamos: no me inquieta.
No me tortura, ni me estorba;
no me confunde, no me reduce;
no me coarta, ni me obsesiona.
No me ocupa, no vivo en su carne, no siento en su sexo.

Diccionario, Tehila Hakimi

Abrí en amor,
decía,
blanco
sobre negro:
“sentimiento potente de afecto
hacia ser humano
o cosa querida
e importante”;

revisé vida
y la definición era:
“estado de existencia de los seres humanos,
animales
y plantas
que los distingue de los objetos
inanimados”.

Pensé en mundo
y la entrada era:
“Globo terráqueo”.

Pasé las hojas hasta la D
y me detuve en
dolor

La más graciosa de las criaturas, Nazim Hikmet

Como el escorpión, hermano,
Eres como el escorpión
En una noche de espanto.

Igual que el gorrión, hermano,
Te pareces al gorrión
En sus inquietudes mínimas.

Igual que la almeja, hermano,
Tan encerrada y tranquila.

Eres horroroso, hermano,
Horrible como la boca
De un extinguido volcán.

Y no eres uno,
Ni cinco:
Eres millones, millones…

Eres igual que el carnero,
Hermano: cuando el verdugo,
Que se viste con tu piel,
Cuando el verdugo alza el látigo,
Vuelves rápido al rebaño
Y marchas al matadero
Corriendo y hasta orgulloso.

Eres, hermano, en resumen,
La más graciosa criatura,
Más graciosa todavía
Que el pez que vive en el mar
Sin saber que está en el mar

Y si hay miseria en la tierra,
Si hay tanta miseria, hermano,
Si andamos hambrientos, héticos,
Si nos desuellan y sangran,
Prensados como el racimo
Para sacarnos el jugo,
¿Diré que es por culpa tuya?
No. No todo es por tu culpa,
Pero tienes mucha, hermano.

 

Blue, Jorge Teillier

Veré nuevos rostros
Veré nuevos días
Seré olvidado
Tendré recuerdos
Veré salir el sol cuando sale el sol
Veré caer la lluvia cuando llueve
Me pasearé sin asunto
De un lado a otro
Aburriré a medio mundo
Contando la misma historia
Me sentaré a escribir una carta
Que no me interesa enviar
O a mirar a los niños
En los parques de juego.
Siempre llegaré al mismo puente
A mirar el mismo río
Iré a ver películas tontas
Abriré los brazos para abrazar el vacío
Tomaré vino sí me ofrecen vino
Tomaré agua si me ofrecen agua
Y me engañaré diciendo:
“Vendrán nuevos rostros
Vendrán nuevos días”.