Joven y bella, Sarainés Kasdan

 

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Veniamin Losin

Un joven durmió y en el sueño soñó con la Verdad, soñó que la amaba y que no era imposible poseerla.
Cuando despertó, no recordaba los detalles del sueño, pero sí la felicidad que lo habitaba.
Desde entonces le dedicó su vida. La buscó primero en la memoria escrita, en los libros de los sabios, en la historia de los pueblos. Pronto comprendió que ése no era el camino: lo que un libro decía lo contrariaba el otro.
Buscó después en las iglesias y los profetas, en la herencia de Dios, los mandatos y sus reglas. Tampoco obtuvo respuesta. Todas las religiones afirmaban contener la Verdad absoluta, aunque sus doctrinas se opusieran.
Salió a los caminos de la tierra, preguntó a todos los hombres: “¿Conoces la verdad, sabes dónde se encuentra?” Y todos respondían de la misma manera: “La verdad es una mujer joven y bella, otorga felicidad al que la vea, vivió entre los hombres hace mucho tiempo, nadie sabe dónde se encuentra”.
Buscó por años, preguntó en todos los pueblos, escuchó todas las respuestas, envejeció con el mundo.
Anciano, llegó al fin de la tierra. Encontró una gruta profunda y en la gruta una vieja muy fea y en la vieja reconoció la Verdad que buscaba.
– Verdad, te amo, ven conmigo, los hombres te esperan
La Verdad nada dijo.
Tres días con sus noches estuvo el anciano con la vieja, intentando convencerla.
Tres días y tres noches perdidos y en silencio.
Finalmente supo que era inútil.
– Debo irme, dijo el anciano. Dame un mensaje para el mundo de los hombres, para que sus habitantes tengan una palabra de Verdad y vivan con ella.
La vieja lo miró, triste y profunda como los siglos y le dijo:
– Diles a todos que soy joven y bella.

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El divino arte de la castración, Sarainés Kasdan

XIR237922 Carlo Broschi 'Il Farinelli' (1705-82) (oil on canvas) by Amigoni, Jacopo (1675-1752) oil on canvas Musee de la Ville de Paris, Musee Carnavalet, Paris, France Lauros / Giraudon Italian, out of copyright

La castración es un bálsamo bendito, capaz de hacer maravillas. La emasculaciòn doblega el espíritu del enemigo y evita su reproducción, castiga y reforma a los delincuentes sexuales, evita la masturbación, alivia la locura amorosa, preserva el honor de las mujeres ajenas, forma eunucos guardianes, domestica niños hiperactivos, logra cantantes de incomparable voz.

Los primeros cantantes castrados los encontramos en la edad media, pero no es hasta el siglo XVI cuando alcanzan fama universal, gracias a la prohibición del Papa Pablo IV de que las mujeres cantaran en San Pedro. Los castrados así reemplazan a las voces femeninas.

El èxito fue instantáneo y la medida se extendió también a los teatros de los estados pontificios donde se consideraba inadmisible la presencia de mujeres en los escenarios.

Varias obras de los siglos XVII y XVIII, en los que el rol de un hombre aparece escrito para soprano o contralto, estaban pensados para castrados que poseían estos registros. Es el caso por ejemplo del personaje de Orfeo de Gluck, que fue escrito originalmente para un castrado contralto.

Los buscadores de talento iban de casa en casa, en los barrios bajos, en busca de niños humildes de siete a doce años de edad, criaturas que veían en la mutilación la única oportunidad que les daba la vida para abandonar la pobreza y convertirse en alguien. Perder el miembro era ganar la gloria. Los sobrevivientes, gozaban de dinero, fama y en muchas ocasiones del amor de damas nobles, deseosas de huir de la rutina merced a aventuras amorosas increíbles y sin el riesgo de embarazos indeseados.

Tal vez el castrado más famoso de la historia sea Carlo Broschi, mejor conocido como Farinelli.

A los 30 años sirvió a Felipe V y durante diez años le canta las arias preferidas. Durante el reinado de Fernando VI se convierte en el favorito de la reina María Teresa, dirigiendo el teatro del Buen Retiro y participando en la toma de decisiones del gobierno.

En cuanto al amor, Farinelli no sufría. Compartía las funciones sexuales con su hermano: el cantante las seducía y el hermano compositor las satisfacía y fertilizaba.

Desde que las mujeres obtuvieron la venia de cantar en donde les dio la gana, los niños cantores castrados se extinguieron.

Si bien algunos artistas cantan como castrados, !Ay¡, lo hacen sin las excelencias de antes.

 

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Cuentan los tártaros de Bedel, Sarainés Kasdan

Ruth Marten 1Cuentan los tártaros de Bedel, en la Siberia Occidental, que al principio de los tiempos Dios creó al primer hombre a su imagen y semejanza. Y vio que era bueno.

Entonces el hombre vivía solo como dueño absoluto de plantas y animales.

El y Dios compartían hacienda y eran felices.

Cuentan los tártaros de Bedel, en la Siberia Occidental, que cierta noche el demonio le tocó el pecho al hombre solitario y su pecho alumbró la primera mujer del planeta.

Y vieron que ella era fuerte y vigorosa porque fue creada de falda de corazón.

Dios castigó al infame, consignándolo al reino del averno.

Con respecto a la mujer poco pudo hacer: la creación era irreversible.

Entonces, dicen los tártaros de Bedel, en la Siberia Occidental, que para atenuar el poder de la mujer, Dios la volvió subordinada al varón. Pero que nadie lo cree

Zuleika y José el Soñador, Sarainés Kasdan

christoffer-eckersbergZuleika, la esposa regia del eunuco Putifar, ama el cuerpo distante de José el Soñador, el hijo de Jacob. Lo envuelve en regalos, lo embruja, lo besa, se viste para él pero al hombre no le gusta o se hace el desentendido.

La mujer no teme caer en la inmoralidad o el desprecio. Una noche, fingiéndose enferma, le manda llamar al salón de los espejos. Al entrar, José ve a Zuleika desnuda y alrededor de ella doscientos espejos que repiten uno a uno la avidez del sexo. La visión es deslumbrante y José sucumbe a la tentación.

Se lleva a casa uno de los espejos.

Espera,Sarainés Kasdan

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Dariusz Langrzyk

Cuando nosotros llegamos, ellos ya estaban ahí. Tenían más edad que nosotros, unos veinte o treinta años más que nosotros. Bajaron de la camioneta y empezaron a desnudarnos, nos golpearon automáticamente con varas y cadenas especiales, de ésas que no dejan huellas en el cuerpo, golpearon una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez los dedos de los pies, la espalda, los brazos, sangraron nuestra frente, hirieron los corazones, nos agredieron sin respetar puntos cardinales, violaron la dignidad de las mujeres, nos raparon. Conseguimos enfurecerlos con nuestro silencio pero no era un silencio de alarde, no era silencio heroico, era silencio de ignorancia, que no sabíamos de qué se nos acusaba.

Cuando se cansaron de golpearnos nos vistieron, subimos a la camioneta y fuimos abandonados en la plaza de armas, resentidos, magullados, indefensos.

Cuando partieron, las violadas auxiliaron a los más necesitados.

Pasé varios años intentando encontrar una respuesta: creía, así lo había aprendido en la escuela, creía que vivíamos en la nación del vampiro y las sombras, símbolos ancestrales de altura y sabiduría. Pero era joven, veinte o treinta años menos que ellos y no podía bien a bien entender las complejidades del cangrejo.

Ha pasado tiempo, mucho tiempo y ya no tengo edad ni fuerzas para hallar respuestas.

Ahora poseo una camioneta para mi solo, llena de varas y cadenas especiales, de ésas que no dejan huellas en el cuerpo. Y espero.

El desertor, Sarainés Kasdan


L_8-1150573c-076fUn día le acometió la fatiga, el apego por el tedio, la desesperación. Abandonó un trabajo privilegiado y memorable, destituyó lo que consideraba valioso, dilapidó sus talentos, se hizo odiar de sus amigos, traicionó a su familia. Abandonó un país de riquezas y viajó a lugares inhóspitos y desarraigados, se convirtió en un proscrito, en un solitario, practicó con un ejército de infieles la infamia y la delación, corrompió a los sedientos de blasfemia, por elección se perdió. En la herejía olvidó a sus hermanos, renunció a la tierra que lo vio nacer; calumniado hasta las heces, eterno condenado, convicto, enfermo de cólera, ignorado en una gangrena de sombras, Dios le pregunta:
– ¿Para qué vives así?
– Para que el hombre se salve, responde Luzbel, para que el hombre se salve.

Pitágoras, Sarainés Kasdan

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Pitágoras aprendió de los Magos egipcios que del uno deriva el número; de los números, el punto; de los puntos, las líneas; de las líneas, los planos; de los planos, los sólidos; de los sólidos, los cuatro elementos que conforman el universo, criatura viva y en constante movimiento. De ahí que la unidad sea la base de todas las cosas. En la escuela que fundó alababa la sabiduría del circulo, en donde todos los puntos están unidos y no hay principio ni fin.

Hermes le concedió el don de recordar todas y cada una de sus vidas anteriores en pago de su sabiduría. Fue a un tiempo y para siempre el germen que cae al agua y se convierte en alga, el alga mudada en liquen, el liquen transformado en larva y el gusano en mariposa, el insecto transmutado en ave y trocado en jaguar y después en hombre y en mujer y en germen y en alga.

Su talento le conquistó el dolor de vivir el infierno en vida.

Un caso de intervención demoniaca, Sarainés Kasdan

1

En el año ciento decimotercero olímpico (328 AC) una epidemia asoló a los hombres casados de Roma.
Todos presentaban los mismos síntomas, el mismo rictus, la misma rigidez en las facciones. La muerte no hacía distinciones: cónsules, pretores, senadores, patricios, viejos, jóvenes, libertos y esclavos.

Los médicos estaban totalmente desorientados.

Una esclava le confió el misterio a Fabio, jefe de policía de Roma

– La enfermedad de los hombres es causada por el consumo de una hierba llamada sardonia, suministrada a los hombres por sus esposas.

– ¿Por qué, para qué?, pregunta Fabio.

– Por locura, por remordimiento, por una vida miserable, por un amor recién despierto. Quién sabe.

En una batida la policía sorprendió a veinte mujeres que preparaban el menjurje en las cocinas de sus casas. Las mujeres se declararon inocentes, alegando que las drogas decomisadas eran para curar dolencias lunares.

El magistrado ordenó a dos de ellas que probaran sus medicinas para demostrar su inocencia. Las infortunadas murieron en el acto.

Fueron arrestadas ciento setenta mujeres y puestas a disposición de las autoridades.

El Senado se declaró incompetente y turnó el caso al Colegio teocrático de los Pontífices.

Dos días después dictaminó: – El homicidio se debió, sin duda, por un prodigio divino o una intervención demoníaca, ya que es inconcebible que seres dotados de razón y en su sano juicio perpetren tales crímenes, por lo que el caso no puede juzgarse como un delito criminal sino como una desafortunada coincidencia, ajena al albedrío humano.

Y las mujeres fueron absueltas.

En cualquier lugar del mundo, Sarainés Kasdan

1
ALBERT SMIRNOV

Luciérnagas naranjas…
concibe la noche…
Amanece.

En este momento, en algún lugar del mundo, un estudiante representa a Shakespeare en un escenario desnudo, una gitana lee las cartas a la orilla de un mercado, una rosa crece al ras del cementerio, un hombre se enamora de otro hombre y tiene miedo, un joven labra un corazón en la corteza de un abeto.

En algún lugar del mundo, en este momento, un viejo pierde la voz y la palabra por un amor inalcanzable, una banda de jazz nostalgia el origen de los negros, un espejo roto genera maldiciones siete veces siete, una piedra cae por un abismo, un ángel pierde al niño negro de su guarda y un rumor se hace leyenda en un bar de marineros.

En este momento, en algún lugar del mundo, una familia se disgrega por la ausencia de la abuela, un niño juega a los gigantes y un gigante muere torturado, una larva se convierte en mariposa, un obrero cae de un viejo andamio y un tigre pierde la vida, asesinado.

En algún lugar del mundo, en este momento, un hombre escribe un poema para nadie, para nunca, para nada, una prostituta reza en un templo solitario a un santo inexistente, un labriego bendice la tierra con sus manos, un infame comulga en un cuarto con la muerte, un habitante de la calle ayuna en el silencio y una niña se embaraza porque nada, porque nunca, porque nadie.

En este momento, en algún lugar del mundo, una bruja ejerce el trabajo del huevo y el romero, un empleado pierde su trabajo por un hombre más joven e inexperto, una joven se entrega por pasión o por dinero, un gato pierde una vida en un incendio y una abuela baila un tango en el desierto.

En algún lugar del mundo, en este momento, alguien se encomienda a dios y al diablo por si acaso, un niño muere de hambre y dos de tedio y tres de remordimientos, un perro callejero come la basura de los ricos y una rata solitaria sobrevive con la carne de sus muertos.

Rebaños de vampiros desangran violetas…
Anochece.

En este momento la vida es como es y yo te quiero.

En algún lugar del mundo, mañana estaré muerto.

Entonces, un adolescente labrará un nombre ajeno al suyo en la corteza de otro cuerpo, la voz y la palabra renacerán al tercer día en los labios de un viejo enamorado, un gigante caído dormirá a la diestra de la gloria, el poeta encontrará fortuna porque todo, porque todos, porque siempre y una rata esclava será libre y dios y el diablo almorzarán juntos en el corazón de una prostituta y el árbol y la piedra recuperarán sus nombres olvidados o perdidos y tal vez otro habitante de la calle ayune en el silencio y dos personas vivan sin saberlo una futura historia de amor.

La vida seguirá siendo. Y entonces, en cualquier lugar del mundo, ya sea como actor, gitana, cementerio, rosa, abeto, viejo, banda, espejo, ángel, marinero, larva, andamio, tigre, templo, tierra, bruja, romero, prostituta, dios o diablo o simple historia de amor te seguiré queriendo.

La Ley, Sarainés Kasdan

1Los visitantes ocasionales a la Necrópolis de Menfis, en Sakkará, pueden leer en una de las paredes: En el principio de La Ley, Atón se encontraba en la cima de la montaña y se sentía solo. Para complacerse y acompañarse se masturbó. Del orgasmo divino nacieron los mellizos Shut y Tefnut, y de sus hijos los dioses y de los dioses los hermanos humanos; de ahí que la vida nos parezca un flujo incesante de sufrimiento y éxtasis.

Por eso, el primer deber de todo organismo vivo es cuidarse y gozarse; el segundo, cuidar y gozar a los demás.

El milagro, Sarainés Kasdan

1Bob Carlos Clarke

Treinta y seis meses, dos semanas, cinco días sin llover…

Treinta y seis meses, dos semanas, seis días sin llover…

Treinta y seis meses, tres semanas sin llover en las tierras bajas de Transilvania…

Hombres y animales cazaban hombres y animales para beber su sangre y sobrevivir; los torpes y timoratos morían de sed.

Las autoridades del país visitaron al maestro de la montaña y le pidieron que provocara el milagro de las aguas. El maestro pidió tres días para meditar.
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..
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Vestido de negro, el maestro escribió sobre el río los símbolos de los abuelos, contempló la noche con cristales de aumento, bendijo la arena y a los muertos, levantó las manos hacia el horizonte, murmuró una oración, juntó piedra sobre piedra hasta levantar un montículo sagrado, platicó con los niños de cosas sin importancia, cantó.

Esa noche llovió. Llovieron mares, llovieron ríos, llovieron manantiales sobre las tierras bajas de Transilvana. Y en las siguientes también.

Cuando el pueblo fue a agradecerle el milagro, el maestro sólo dijo:
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– No es nada. Cualquiera lo hubiera hecho.

Pasaron los años y murió el maestro de la montaña. Una nueva sequía asoló las tierras bajas de Transilvania. Las plantas desencajaban sus raíces y daban saltos desesperados en busca de una gota perdida, de una lágrima solitaria.

Cien sabios se reunieron a la orilla del río seco y acordaron repetir el rito ancestral.

Vestidos de negro, escribieron sobre el río los símbolos de los abuelos, contemplaron la noche con cristales de aumento, bendijeron la arena y a los muertos, levantaron las manos hacia el horizonte, murmuraron una oración, juntaron piedra sobre piedra hasta levantar un montículo sagrado, platicaron con los niños de cosas sin importancia, cantaron.

En aquella noche no llovió en las tierras bajas de Transilvania.

. . . . . .

Treinta y seis meses, tres semanas y cuatro días después, tampoco.

Sobredosis, Sarainés Kasdan

1El malvado emperador Wu Tsung leyó de un escrito del venerable sabio Ko Hung:

Combina un kilo de cinabrio puro y 300 gramos de miel blanca, serena la mezcla, tuéstala sobre un fuego hasta que se puedan hacer píldoras. Toma diez píldoras del tamaño de una semilla de cáñamo cada mañana. Al cabo de un año, el pelo blanco se volverá negro, los dientes estropeados crecerán de nuevo y el cuerpo se hará suave. Si un anciano toma esta medicina durante un largo tiempo se convertirá en un hombre joven. El que lo tome constantemente será inmortal y no morirá”

El emperador murió de una sobredosis de inmortalidad.

El pollo y el ego,Sarainés Kasdan

1Linda Conor


Un pollo estaba sentado en un gallinero, en flor de loto, tratando budistamente de eliminar el ego.

Entonces apareció un ranchero. Temeroso, el animal se refugió detrás del criadero. Cuando el hombre se fue, el buda emplumado encontró un poco de maíz en su comedero.

El ranchero regresó al día siguiente. Temeroso, el animal se refugió detrás del criadero. Cuando el hombre se fue, el buda emplumado encontró un poco de maíz en su comedero. Siete días consecutivos apareció el ranchero. Detrás del comedero el ave dedujo: antes del hombre, la nada; después del hombre, alimento. El hombre es un santo y ama a los pollos.

El emplumado se sintió tocado por la verdad suprema y esperó a su maestro para rendirle el debido respeto.

Entonces apareció el ranchero, el ave iluminada se acercó brincando alegremente y alegremente le retorcieron el pescuezo

Milagros médicos, Sarainés Kasdan


Dieter Appelt

Joseph Morris, criminal de oficio, visitó al terapeuta para que le ayudara con algunos sentimientos de culpa. Sus muertes lo aconjogaban.

La ciencia médica es hoy una maravilla y con un par de sesiones y una caja de pildoritas reinició alegre su carrera, ya sin las cargas penosas del arrepentimiento

Filtro amoroso, Sarainés Kasdan

Jan Hronsky

En las vísperas de sus encuentros amorosos, Cenicienta envenenaba a su madrastra con una copa de jerez nocturna para anquilosarle el carácter y amargarle la existencia. Al día siguiente, con sus bártulos de limpieza y los vestidos deshilachados, representaba con excelencia la obra Martirio y Redención. No la culpemos por eso. Así consiguió marido

La Pirámide Felites, Sarainés Kasdan


Un escriba egipcio, el hombre de los recibos, el de las estadísticas, el del impuesto, el que registra todo en su libro de cuentas, en las orillas de Gizeh, ciudad del bajo Egipto, a la izquierda del Nilo, durante el siglo xxxvi antes de Cristo, cuenta:

Dos toneladas por piedra, dos días para llegar a la cúspide, cubos de treinta pies por lado, mil doscientos bloques diarios sobre una rampa de ladrillos, cien mil piedras en tres meses, ¿cuántas en veinte años?

Treinta hombres enganchados arrastran cada bloque, dos mil etíopes desde las canteras del Monte Arábigo hasta el río sagrado, cien esclavos a lo largo del río, dos mil negros del África Oriental desde la ribera hasta el Monte Líbico, siete millones de toneladas en total, mil ochocientos fellah por lado, diez años para construir un camino transitable, setenta mil hombres en pos de ciento cuarenta metros de altura, una sólida ambición y mil seiscientos talentos de plata para rábanos, cebollas y ajos, alimento para el pueblo.

Morir durante el trabajo se considera de buena suerte. En cincuenta años de reinado muchos tienen buena suerte.

Un escriba egipcio, el hombre de los recibos, el de las estadísticas, el del impuesto, el que registra todo en su libro de cuentas, aprecia a la distancia una maravilla del mundo: la pirámide de Keops, el amo de Egipto, el segundo señor de la cuarta dinastía, en el siglo xxxvi antes de Cristo.

Y, sin embargo, el pueblo, ¡ah miserables!, Nombra a la maravilla como Pirámide Felites. Nada de pirámide Keops, nunca Pirámide Keops, para nadie Pirámide Keops.

Para todos, libres y esclavos, sacerdotes y guerreros, mujeres y comerciantes, propios y extraños, para todos (excepto para el señor Keops) se llama Pirámide Felites, en memoria de un pastor ovejero, habitante humildísimo y silencioso de aquellos parajes.

La vida sería un infierno, Sarainés Kasdan

Brian Kosoff

Antes de terminar el día, cada mil años humanos si confiamos en el verso del salmista, Dios le pide a Dios que perdone a Dios por menospreciar al diablo. Después de todo, le dice Dios a Dios, qué sería de Dios y los hombres sin la culpa que dio paso a la redención. Sin el diablo, la vida sería un infierno

Destiempo, Sarainés Kasdan

Andrea Mantegna

Cuando decidió cortar el cordón umbilical, independizarse de su padre y hacerse un hombre de provecho, se vio clavado en la cruz, en medio de dos ladrones, dando la vida por unos hombres que no lo conocían, que no le tenían aprecio.

El hombre abeja, Sarainés Kasdan

Ritva Voutila


Fue en una mañana de primavera, justo cuando trabajaba en las faenas del campo, cuando Cresencio Rodríguez, alias el compadre Chemo, fue picado en el brazo derecho por una abeja radioactiva. Cuando llegó a casa comprobó que tenía poderes sobrehumanos: podía, por ejemplo, identificar con gran precisión nombre, distancia y dirección de las principales flores de la región, era hábil para ejecutar en el aire danzas ligeras y elegantes, su boca producía miel de inigualable calidad y, lo que era sin duda más significativo, poseía en parte estratégica del cuerpo un filoso apéndice especialmente diseñado para utilizarse como arma mortal. El compadre Chemo supo que no habría una segunda oportunidad para ganarse la gloria y esa noche decidió convertirse en el hombre abeja, terror de los maleantes y defensor de los humildes. En pocos minutos improvisó un disfraz adecuado a la naturaleza del personaje y enmascarado salió a las calles del pueblo para hacer justicia. Tuvo suerte. Al cabo de un par de horas, un sujeto siniestro, de funestas intenciones, entraba en casa ajena, seguramente para ejecutar aciagos planes. Enfrentó su primera aventura con la determinación que el caso ameritaba y no obstante las diferencias en cuerpo y estatura se abalanzó cual abeja africana al feroz asaltante. Superada la primera impresión, el ladronzuelo tomó la iniciativa y empezó a propinarle a nuestro héroe sendos puñetazos. Casi derrotado, Chemo gritó Armas a mí, y presto ensartó el aguijón al enemigo en salva sea la parte. Evitó el robo, pero supo también que había cometido el mayor error de su vida. Con el puñal se le desprendió medio aparato digestivo y con las tripas se le fue la vida entera.


Y aquí termina la historia efímera del hombre abeja.


Moraleja: No importa qué tan superhéroe te sientas, al usar el aguijón usa también condón.

Recetas para el despecho amoroso, Sarainés Kasdan

David Hamilton

Los romanos condenados por el despecho amoroso a contemplar los contentos ajenos sin satisfacer los propios, podían elegir entre tres alternativas para compensar el desastre: recurrir a los filtros del amor y recuperar al amor perdido, o visitar la fuente del olvido o recurrir a las artes de Locusta, la envenenadora.
Entre los adictos al primer grupo, el brebaje más frecuentado era el oro potable. Recomendaba el maese:
– Tómense flores de borraja, buglosa y melisa cuando el Sol está en el signo de Leo. Hiérvanse las flores juntamente con azúcar blanca disuelta en agua de rosas; por cada onza del cocimiento agréguense tres hojas de oro. Ha de tomárselo con el estómago vacío, en pequeña cantidad de vino de color dorado.
La receta es infaliblemente afrodisíaca. Pero naturalmente cara.
Otra alternativa era bañarse en la fuente de Claron o tomarse antes de cada comida una cucharada de Kipri, brebaje compuesto por dieciséis diferentes ingredientes.
Una semana después de tomado el remedio el enfermo salía como del vientre de su madre: mentalmente desnudo y listo para una aventura nueva.
Para los que preferían venganza, el vino de Cales, envenenado con los pulmones de la rana Rubeta, era insuperable. Quien se lo tomaba no volvía amar en esta ni en la otra vida.
En esta parte del mundo, nos conformamos con una cuarta alternativa, menos costosa, más modesta, menos dramática seguramente pero igualmente efectiva: Aquella que dice: un clavo saca otro clavo…