Archivo de etiqueta: Uruguay

El canto de las sirenas, Mario Arregui

de

Cierta noche Juan soñó un sueño. Soñó que él y once hombres más habían sido condenados a muerte. Los doce fueron alineados a lo largo de un paredón altísimo, con las manos atadas… Sigue leyendo

Agua negra, Jorge Palma

de

Agua negra que estás en el cielo y desciendes con furia en las bocas de los pobres… Agua de los desperdicios agua de las cloacas agua negra del dolor agua negra de las… Sigue leyendo

Si muriera esta noche, Idea Vilariño

de

Si muriera esta noche si pudiera morir si me muriera si este coito feroz interminable peleado y sin clemencia abrazo sin piedad beso sin tregua alcanzara su colmo y se aflojara si ahora… Sigue leyendo

Huellas, Eduardo Galeano

de

Una pareja venía caminando por la sabana, en el oriente del África, mientras nacía la estación de las lluvias. Aquella mujer y aquel hombre todavía se parecían bastante a los monos, la verdad… Sigue leyendo

No quisiera que lloviera, Cristina Peri Rossi

de

No quisiera que lloviera te lo juro que lloviera en esta ciudad sin ti y escuchar los ruidos del agua al bajar y pensar que allí donde estás viviendo sin mí llueve sobre… Sigue leyendo

El museo de los esfuerzos inútiles, Cristina Peri Rossi

de

El espacio que queda entre la espada y la pared es exiguo. Si huyendo de la espada, retrocedo hasta la pared, el frío del muro me congela, si huyendo de la pared, trato… Sigue leyendo

La autoridad, Eduardo Galeano

de

Tom Krok En épocas remotas, las mujeres se sentaban en la proa de la canoa y los hombres en la popa. Eran las mujeres quienes cazaban y pescaban. Ellas salían de las aldeas… Sigue leyendo

Los niños de Japón, Alejandra Correa

de

A pesar de que la primavera había llegado con sigilosos pasos de leopardo, el invierno aún lo envolvía como si fuera una jaula, impidiéndole el paso tozudamente. Bajo la luz de las estrellas… Sigue leyendo

La calle de los mendigos, Mario Levrero

de

Extraigo un cigarrillo y lo llevo a los labios; acerco el encendedor y lo hago funcionar, pero no enciende. Me sorprende, porque hace pocos momentos marchaba perfectamente, la llama era buena, y nada… Sigue leyendo

Me sirve no me sirve, Mario Benedetti

de

La esperanza tan dulce tan pulida tan triste la promesa tan leve no me sirve no me sirve tan mansa la esperanza la rabia tan sumisa tan débil tan humilde el furor tan… Sigue leyendo

Las cartas, Eduardo Galeano

de

Juan Ramón Jiménez abrió el sobre en su cama del sanatorio, en las afueras de Madrid. Leyó la carta, admiró la fotografía. Gracias a sus poemas, ya no estoy sola. ¡Cuánto he pensado… Sigue leyendo

Cuento para madres negras, Mario Delgado Aparaín

de

El día en que nació Ananías, llovió. El agua corría por debajo del techo y se apagaba el fuego, se mojaban las camas, las ropas y pronto comenzó a llover sobre mojado. Cuando… Sigue leyendo

Huellas, MARIO BENEDETTI

de

En el archivo de las fichas policiales, aquella huella digital estaba a oscuras y se encontraba sola, abandonada. Sentía nostalgia de su mano madre, y sus líneas finas, delicadas, eran como un escorzo… Sigue leyendo

Ya no será ya no, semblanza de Idea Vilariño

de

  ¿Quién era usted? De quien dicen que plantaba jardines y los hacía florecer allí donde viviera. De quien dicen que era dura, implacable y hermosa, hermosa, hermosa. ¿Quién era usted, huérfana de… Sigue leyendo

La paradoja andante, Eduardo Galeano

de

Cada día, leyendo los diarios, asisto a una clase de historia. Los diarios me enseñan por lo que dicen y por lo que callan. La historia es una paradoja andante. La contradicción le… Sigue leyendo

El amor, Eduardo Galeano

de

En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas. – Te han cortado?- preguntó el hombre. – No-dijo ella-.… Sigue leyendo

El tiempo, Eduardo Galeano

de

El tiempo de los mayas nació y tuvo nombre cuando no existía el cielo ni había despertado todavía la tierra. Los días partieron del oriente y se echaron a caminar. El primer día… Sigue leyendo

AFCLECIO, Leo Maslíah

de

Schneider Csilla Krisztina Afclecio salió de la casa y se metió en el auto, pero este no arrancaba. No arrancaba y no arrancaba, hasta que arrancó. Arrancó de cuajo un suculento sector de… Sigue leyendo