Archivo de etiqueta: Argentina

Melancolía, Pedro Miguel Obligado

de

Es otoño. Estoy solo. Pienso en ti. Caen las hojas… Vaga la melancolía de una pena que ignoro. El viento que estremece marchitas congojas, pasa como un recuerdo por el bosque sonoro. Es… Sigue leyendo

Anécdota, Macedonio Fernández

de

Me había dejado una mujer, una mujer de la que yo estaba perdidamente enamorado. Cuando suceden estas cosas, uno cree que son terribles, y en efecto lo son: luego se olvidan, como se… Sigue leyendo

Una casa para siempre, Enrique Vila-Matas

de

De mi madre siempre supe poco. Alguien la mató en la casa de Barcelona, dos días después de que yo naciera. El crimen fue todo un misterio que creí dar por resuelto el… Sigue leyendo

Una novela para nervios sólidos, Macedonio Fernández

de

Se estaba produciendo una lluvia de día domingo, con completa equivocación porque estábamos en martes, día de semana seco por excelencia. Pero con todo esto no estaba sucediendo nada: la orden de huelga… Sigue leyendo

El exilio de Sócrates, Susana Villalba

de

Dejarías un olor, un río siempre un poco más allá, en alguna parte que no ves pero te arrastra como una triste y lenta identidad que arroja al fondo del mar lo que… Sigue leyendo

Edipo, inventor del complejo de… césaR brutO

de

Cuando siento que alguien se queja porque gana poco sueldo y aumentan los presios, o porque se queda sin trabajo y lo van a desalojar, enseguida se me ocurre consolarlo, disiendole: -Mientras no… Sigue leyendo

El cuento, Ricardo Piglia

de

  I. En uno de sus cuadernos de notas, Chéjov registró esta anécdota: Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida. La forma clásica del cuento… Sigue leyendo

La Verdadera Sabiduría, Hugo Mujica

de

Filosofía, lo escuchamos cuando ocupábamos un banco en la escuela, quiere decir “amor a la sabiduría”, o sea que lo valioso no es tal o cual filosofía sino aquello de lo que ella… Sigue leyendo

Cabo Polonio, Abel Espil

de

Las sombras empañan sus ojos, el hombre sueña el aleph. En Ariel, todo está recuperado. Es un ser devenido al todo, lo real y lo soñado. Es el ayer y lo que tendrá… Sigue leyendo

Memoria de lo que duele, Mario César Lamique

de

1- Hoy abrí un cajón y comenzaron a saltar por el aire, imposible ocultarlos, taparlos o hacerlos desaparecer. 2- Tengo todavía muy presente el día en que mi mamá me encontró uno debajo… Sigue leyendo

El final, Rodrigo Fresán

de

Jorge Luis Borges —ese escritor que aborrecía del fútbol porque “es feo estéticamente. Once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos… Mucho más lindas que el fútbol… Sigue leyendo

El desprastijo humano, César Bruto

de

Siempre que biene el tiempo fresco, o sea al medio del otonio, a mí me da la loca de pensar ideas de tipo eséntrico y esótico, como ser por egenplo que me gustaría… Sigue leyendo

Una cacería, Liborio Justo

de

Mi padre fue uno de los primeros pobladores del Gutiérrez. Vino de Europa con mi madre y nosotros del allá por 1908 y nos instalamos en un lote cerca de la boca, sobre… Sigue leyendo

Nietzsche, Jorge Luis Borges

de

Siempre la gloria es una simplificación y a veces una perversión de la realidad; no hay hombre célebre a quien no lo calumnie un poco su gloria. Para América y para España, Arturo… Sigue leyendo

Perdido, Haroldo Conti

de

El tren salía a las ocho o tal vez a las ocho y media. Recién diez minutos antes enganchaban la locomotora pero de cualquier forma el tío se ponía nervioso una hora antes.… Sigue leyendo

Memoria de lo que duele, Mario César Lamique

de

1- Hoy abrí un cajón y comenzaron a saltar por el aire, imposible ocultarlos, taparlos o hacerlos desaparecer. 2- Tengo todavía muy presente el día en que mi mamá me encontró uno debajo… Sigue leyendo

Amor en la autopista, Valeria Montenoble

de

Entre palabras muertas digo amor porque te amo: y paso y vuelvo a encontrarte veloz hemos jugado con la muerte durante varios días Apenas conozco tus voces y no importa No te imagino… Sigue leyendo

G de Ganas, Carla Slek

de

Salgo a despedirte, me demoro unos minutos mirando la calle, los árboles, la quietud de un domingo a la mañana. Los vecinos duermen. Antes de entrar me detengo, como si hubiesen anunciado un… Sigue leyendo