Mentiras blancas, Patricia Nasello

(8) Feroz y galante, a cada embestida, el mar deposita a mis pies rocas que extrae de sus abismos. Con esas rocas construyo mi casa y, a pesar de los tiburones que la circundan, me siento a gusto en ella. Durante el día se mantiene fresca, con perfume a nácar. Por las noches mis sábanas oscuras se iluminan de perlas, a veces son tantas que creo dormir sobre un cielo estrellado —entonces ocurre el prodigio: la suspensión de esa ausencia que aún no comprendo si a vos o a mí corresponde—. Las sirenas me arrullan, anuncian el fin de esta era de sal.